Ya están en internet las primeras 30.000 páginas de la Enciclopedia de la Vida
FUENTE: abc.es
Ya están en internet las primeras 30.000 páginas de la Enciclopedia de la Vida, el ambicioso proyecto de levantar acta de todas las especies habidas y por haber, y de ponerla al alcance de toda la comunidad científica y menos científica. Es un monumento a la curiosidad humana universal sin distinción de nacionalidad, raza, nivel económico o académico. Conjuga lo mejor de la Wikipedia y de la Enciclopedia Británica, es decir, el rápido crecimiento de la información y la garantía de rigor. Traslada al conocimiento la complejidad de la vida misma.
Hay ahora mismo 1,8 millones de especies reconocidas. Los promotores de la Enciclopedia calculan que les llevará unos diez años desde que empezaron, es decir, hasta el año 2017, adjudicar a cada una su correspondiente entrada. También estiman que la hazaña habrá costado unos 73 millones de euros, de los cuales ya salieron casi la mitad el año pasado gracias a las fundaciones MacArthur y Sloan, dos de las entidades y asociaciones benéficas y académicas que participan en este esfuerzo liderado por el Instituto Smithsonian de Washington.
Las 30.000 páginas que saltan hoy a la Red ya compilan alrededor de un millón de entradas, entresacadas de una miríada de bases de datos y contribuciones de expertos -y de no tan expertos- de todo el mundo. La similitud con la wikipedia es que esto es una enciclopedia viva, que se alimenta constantemente de lo que saben muchos. La diferencia es que muchos no son todos y que ahí no puede escribir cualquiera. En general se hace por encargo y bajo el atento escrutinio de los custodios de la Enciclopedia.
Eso no significa que los simples mortales que no son eminencias científicas no puedan aportar su granito de arena. Pueden aportar muchas cosas: desde fotos hasta gráficos hasta transcripciones del canto de las aves o cualquier cosa que ayude a hacer más asequible y más eficaz la información.
A vista de pájaro
Y es que ese es el reto de fondo: no tanto, o no sólo, agrupar el conocimiento disperso por las mentes y los libros de todo el mundo, sino ponerlos en situación de ser abarcados a vista de pájaro. Desvelar lo escondido, desenterrar lo oculto o simplemente intrincado de saber. Poner a la ciencia desnuda en medio de la plaza.
James Edwards, director ejecutivo del proyecto, exhibe un entusiasmo a prueba de bomba, es decir, inmune a los fracasos cosechados por todos los ensayos anteriores de hacer algo parecido. Hace veinte años que se intenta. El mismo Edwards, que ha estado personalmente involucrado en varios intentos fallidos, admite que hace sólo cinco años esto era imposible.
Fue en 2003 cuando Edwards puso por escrito el proyecto y la afirmación de que por primera vez se daban las condiciones, lo bastante convincentes como para que los grandes paquidermos que donan fondos a la ciencia americana se pusieran en movimiento.
Lo que había cambiado, explica Edwards, es la multiplicación de fuentes de información «on line» a las que los artífices de la Enciclopedia pueden recurrir directamente. Esto es muy importante: sólo el trabajo que llevaría reescribir a mano todo lo que se sabe gastaría una cantidad de tiempo inasumible. Pescar directamente los datos en la Red es incomparablemente más rápido. Más cuando se ha alcanzado un desarrollo tecnológico que permite buscar, asociar y visualizar muchos datos al mismo tiempo, del modo en que por ejemplo lo hace Google News.
Ese es el modelo o por lo menos la idea. Quien consulte la Enciclopedia podrá elegir por ejemplo el nivel de detalle de la información -más técnica o menos técnica- en función de su propia preparación científica o de si sus intereses son más generales o concretos. La idea es ofrecer tanto una fabulosa herramienta académica como un instrumento de uso cotidiano por ejemplo para países en vías de desarrollo interesados en saber lo que en el primer mundo ya se sabe sobre cómo prevenir una plaga o proteger un cultivo.
Las primeras 30.000 páginas disponibles están dedicadas mayormente a entradas de peces, anfibios y plantas. Para hacer proselitismo de la Enciclopedia los expertos han pergeñado 24 páginas «ejemplares» dedicadas a especies muy populares, como el mosquito causante de la fiebre amarilla. Estas páginas pretenden ilustrar lo que puede dar de sí el invento.
Pero siendo apasionante lo que se sabe y aún no se ha escrito en la Enciclopedia, más pasiones levanta aún lo que no se sabe. Las especies que están por descubrir a lo largo de los próximos diez años y más allá aun, puesto que la evolución no se detiene sólo porque uno se haya puesto a levantar acta de ella. El plan inicial es registrar todas las especies conocidas y vigentes, seguir con las extinguidas y entrar entonces de lleno en el cómputo de la vida nueva o ignorada hasta hace muy poco.
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