Revierten la diabetes en ratones con células embrionarias humanas

FUENTE: nortecastilla.es

 

Con células derivadas de otras procedentes de embriones humanos -primeros estadios: células madre totipotenciales- un grupo de investigadores ha conseguido revertir la diabetes en ratones. Esto es, han conseguido crear el equivalente de las células pancreáticas productoras de insulina, las células beta. Lo realmente importante de esta historia es que las células trasplantadas responden directamente a las concentraciones de glucosa en sangre, como lo hace el páncreas sano: funcionan de forma fisiológica. Los resultados se acaban de publicar en ‘Nature Biotechnology’ por el equipo de científicos de la compañía californiana Novocell que ha llevado a cabo el experimento.

El trascendental control de la cantidad de glucosa en sangre -la glucemia- se lleva a cabo por un complejo mecanismo hormonal en el que desempeña un papel fundamental la insulina, producida por las células beta de los islotes pancreáticos: de isla, islote y la secreción, insulina. El control de la secreción de la insulina es relativamente sencillo: la cantidad de hormona liberada por los islotes depende directamente de la concentración de glucosa en sangre.

Después de comer, por ejemplo, aumenta la glucemia. Como consecuencia se libera insulina cuyo efecto es disminuir la cantidad sanguínea de glucosa derivándola a su consumo en los músculos, a su almacén en estos y en el hígado y, sobre todo, mandándola al tejido adiposo para que se convierta en grasa. Pues bien, los diabéticos de tipo I -los de nacimiento-, y algunos de los enfermos de tipo II, en los que la diabetes ha aparecido en edades avanzadas, carecen de células beta. Qué mejor que un trasplante de semejantes fábricas insulares de tan esencial hormona para evitar los continuos pinchazos de insulina que deben suministrarse este tipo de enfermos.

Los trasplantes de células beta o de tejido pancreático funcionan razonablemente bien, pero este procedimiento, aunque efectivo, no puede generalizarse a la totalidad de la población diabética. Dos razones justifican esto, a cual más importante: la escasez de órganos para el trasplante y la necesidad de inmunosupresión de por vida en el trasplantado para evitar el rechazo.

Reemplazamiento

Los investigadores, por lo tanto, hace tiempo que fijaron su atención en las células totipotenciales, troncales o con su nombre más popular, células madre. Comprobaron pronto que las únicas células madre con auténtico poder proliferativo para convertirse en células pancreáticas son las embrionarias procedentes de los muy primeros estadios del desarrollo. Y, poco a poco, se han ido inventando las técnicas precisas para inducir a los cultivos de las células madre a convertirse en el equivalente de las células beta de los islotes pancreáticos.

El mismo equipo de Novocell que firma el avance actual, anunciaba hace un par de años que había conseguido cultivar células capaces de secretar insulina. Se trataba de un avance sustancial, pero de escasa trascendencia práctica. Las células cultivadas, en efecto, producían insulina, pero sólo en respuesta a señales químicas que debían administrárseles desde fuera: no era un mecanismo fisiológico.

En la investigación publicada ahora, las células beta cultivadas responden directamente a la glucemia. Lo hacen en condiciones parecidas a las naturales: inyectadas y establecidas en un modelo de ratón diabético, son capaces de revertir la hiperglucemia y de funcionar de forma similar a como lo deberían hacer las células sanas. El trasplante trabaja fisiológicamente. Muchas investigaciones quedan por delante antes siquiera de empezar a pensar en pruebas clínicas de estas células cultivadas, pero el sistema podría servir como una fuente renovable de islotes para las terapias contra la diabetes basadas en reemplazamiento celular.

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