Archivo diario: 14/04/2008

Nubes que predicen seísmos

FUENTE: publico.es

En diciembre de 2004, una rendija kilométrica se abrió en una nube posada a lo largo de la falla más activa del sur de Irán. Durante horas, la fisura permaneció petrificada en el cielo, a pesar del tenaz movimiento de las nubes cercanas. Dos meses después, un terremoto de magnitud 6,3 en la escala de Richter sacudió la región, provocando la muerte de más de 600 personas. El día de Navidad de 2005, las mismas nubes hendidas reaparecieron y, 64 días después, la tierra se revolvió en un retortijón de 6 grados Richter.
En ambos casos, según los geofísicos Guanmeng Guo y Bin Wang, de la Universidad de Nanyang (China), estas nubes extrañas, acompañadas por una subida de la temperatura, sobrevolaron el futuro epicentro del terremoto. Las nubes advertían de un inminente movimiento sísmico.
Estos investigadores han estudiado la formación anormal de nubes en la falla más activa de Irán, utilizando datos de satélites geoestacionarios. Su conclusión, publicada en el último número de International Journal of Remote Sensing, es que la salida de gases calientes desde el interior de una falla puede disipar el agua de las nubes, creando ranuras que actúan como chivatas de los terremotos.
“Como una serpiente”
El estudio del firmamento como herramienta para predecir terremotos es antiguo, aunque polémico dentro de la comunidad de sismólogos. El químico chino Zhonghao Shou, ya jubilado, sostiene que chinos e italianos ya escrutaban las nubes para vaticinar terremotos hace 300 años. Según Shou, la primera predicción exitosa de un movimiento sísmico aparece en la obra china Crónica del condado de Lon-De, de principios del siglo XVII: “Era un día soleado, el cielo estaba claro y azul. De repente, aparecieron hilos de nubes negras surcando el cielo como una serpiente. La nube permaneció mucho tiempo, lo que significaba que habría un terremoto”. En opinión de este químico, el presagio se corresponde con el seísmo que asoló la provincia de Ningxia en 1622.
Desde hace una veintena de años, Shou, sin mucha credibilidad dentro de la comunidad científica, se jacta de haber predicho decenas de terremotos, incluido el de magnitud 7 que afectó a 370.000 iraníes en junio de 1990. El nuevo estudio de sus compatriotas Guo y Wang ha musculado sus tesis y ha reavivado el debate en torno a sus hipótesis.
El estudio del firmamento como herramienta para predecir terremotos es antiguo, aunque polémico
El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, Ángel Rivera, cree que el estudio de Guo y Wang “no es ninguna tontería, porque tiene fundamento físico”. A su juicio, los gases que escapan de las fracturas de la corteza terrestre pueden formar nubes irregulares, pero sólo en ciertas condiciones atmosféricas. “Es un estudio serio, pero insuficiente. No me parece que pueda tomarse como un elemento clave para la predicción de terremotos”, asevera.
La geofísica María José Jurado, del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (CSIC), tampoco es partidaria de universalizar las conclusiones del estudio de Guo y Wang. “Seguramente hay fallas que son observables gracias a las nubes, pero con el conocimiento del que disponemos hasta la fecha, no se puede generalizar”, opina.
Jurado, que estudia el origen de los terremotos en la costa este de Japón, reconoce que, de momento, los movimientos sísmicos son impredecibles: “Sólo sabemos en qué zonas hay una alta probabilidad de que se produzcan. Si se pudieran predecir, ya lo habrían hecho los estadounidenses en la falla de San Andrés”.

El Mediterráneo va camino de ser «una sopa de medusas y microbios», afirma un experto

FUENTE: nortecastilla.es

El mar Mediterráneo va camino de convertirse en «una sopa de medusas y microbios» a causa de la sobreexplotación pesquera, la contaminación y las actividades humanas que se desarrollan de manera intensiva en la zona, advierte el biólogo del CSIC Enric Sala. Sala, elegido recientemente uno de los 240 jóvenes más influyentes del mundo, augura que en un horizonte no muy lejano, en sólo unos pocos años, el Mediterráneo pasará de ser el hábitat de peces como el atún o el pez espada a una gran charca dominada por bacterias y medusas.
A la fuerza, estas criaturas de aspecto acampanado y cuerpo gelatinoso entrarán a formar parte de la dieta mediterránea, al igual que ha sucedido en varios países de Asia o en determinadas zonas de Estados Unidos, donde en algunos restaurantes está de moda comer medusas.
«Estamos transformando el Mediterráneo en una gran sopa de medusas y microbios», sostiene Sala, que advierte de que, si no se crean más reservas marinas ni se reduce la capacidad pesquera, el único pescado que se comerá en las décadas venideras en España será el importado o el procedente de piscifactorías. Para Sala, la situación del Mediterráneo es «mucho más crítica» que la de la mayoría de mares del mundo, ya que, además de la sobreexplotación, el calentamiento y la contaminación que sufre, es un mar cerrado y con una población costera «enorme». Otro problema es la destrucción de sus hábitats, debido a la incesante actividad de las flotas pesqueras.

Nuestro Universo pudo haberse formado de otro Universo especular anterior

FUENTE: tendencias21.net

Un modelo matemático aporta una nueva teoría sobre la formación de las galaxias, estrellas y planetas
Nuestro Universo no se originó en una gran explosión, sino que se formó a partir de otro Universo anterior gemelo al nuestro, según un modelo matemático que aporta una nueva teoría sobre la formación de las galaxias, estrellas y planetas. Ese otro Universo gemelo sería como una imagen especular del actual, ya que los dos seguirían las mismas ecuaciones dinámicas, tendrían la misma cantidad de materia contenida y seguirían la misma evolución. Pero el gemelo, al contrario que el nuestro, se está contrayendo, por lo que sería como si viéramos caminar a nuestro propio Universo hacia atrás en el tiempo, si bien no todo sería igual en ambos (por ejemplo las personas y sus historias). El modelo sugiere que nuestro Universo generará en su momento otros universos parecidos que se expandirán mientras el nuestro se contrae.
Nuestro Universo podría ser fruto de un Big Bounce (gran rebote) acaecido en un universo anterior muy parecido al nuestro, en lugar de haber sido originado por un Big Bang (una gran explosión), señala un equipo de físicos de México y Canadá.
Hasta hace muy poco, los científicos no se planteaban lo que podía haber existido antes del Big Bang (literalmente “gran explosión”), teoría que describe el desarrollo del Universo temprano y su forma. Según esta teoría, el Universo comenzó a expandirse desde un punto de materia de densidad y energía infinitas que, en un momento dado, explotó en todas las direcciones dando lugar al Universo en que hoy existimos.
Sin embargo, desde hace unos años, está surgiendo una hipótesis alternativa sobre el origen del universo aún más llamativa e interesante -al menos desde el punto de vista de su novedad- que propone que nuestro Universo surgió a partir del colapso de otro Universo anterior muy parecido al nuestro, lo que significaría que nuestro Universo es hijo de otro Universo.
Universo gemelo
Esta hipótesis se incluye dentro de la teoría LQG (Loop Quantum Gravitity o Gravedad Cuántica de Bucles), y sugiere la posibilidad de que antes del Big-Bang se produjera un Big-Bounce (literalmente, un gran rebote) en un Universo anterior al nuestro, y que ese “gran rebote” habría originado la aparición de nuestro Universo.
Según explica al respecto la revista PhysOrg, los físicos Alejandro Corichi, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Parampreet Singh, del Perimeter Institute for Theorietical Physics de Ontario (en Canadá), han descubierto su aspecto gracias al desarrollo de un modelo de LQG simplificado.
Según declaraciones de Singh a PhysOrg, “la importancia de este concepto es que nos da una respuesta a lo que sucedió al universo antes del Big Bang”. Singh añade que su estudio demuestra además que aquel otro Universo era muy parecido al nuestro.
Amnesia cósmica
Este descubrimiento descansa sobre una investigación previa. El año pasado, un profesor de física de la Penn State University de Estados Unidos llamado Martin Bojowald publicó un artículo en la revista Nature Physics en el que se explicaba el desarrollo de un modelo matemático sencillo (una máquina matemática del tiempo, según informó entonces la Universidad de Pennsylvania) que permitió integrar la Teoría General de la Relatividad de Einstein y algunas ecuaciones de la física cuántica, componiendo así la primera descripción matemática de la existencia del Big Bounce.
Esta descripción revelaba que un Universo anterior al nuestro, en contracción antes del Big Bounce, dio finalmente origen a nuestro Universo en expansión. Bojowald llegó además a una conclusión adicional: que los universos sucesivos no serían réplicas perfectas el uno del otro.
A pesar de la creación del modelo matemático de Bojowald, ninguna observación de nuestro universo había podido llevar hasta ahora a la comprensión del estado de ese otro Universo pre-rebote, dado que aparentemente nada quedó de él tras el fenómeno que produjo nuestro universo. Bojowald describió este hecho como “amnesia cósmica”.
Gemelos en tiempo y leyes
Corichi y Singh parecen haber superado esa amnesia. Modificando la teoría LQG con la inclusión de una ecuación clave llamada de restricción cuántica (generando así la versión sLQG de dicha teoría), han conseguido demostrar que las fluctuaciones relativas de volumen y cantidad de movimiento pertenecientes al universo anterior al rebote (Universo pre-bounce) fueron conservadas a un lado y otro de dicho rebote.
La conclusión que sacan los físicos de esto es que ese otro Universo gemelo tendría las mismas leyes físicas y la misma noción temporal que el nuestro. De hecho, “vistos desde lejos, ambos universos no podrían distinguirse el uno del otro”, afirmó Singh en PhysOrg.
Nuestro universo actual, de aproximadamente 13.700 millones años de edad tras el Big Bounce, compartiría así muchas de sus características con el Universo anterior cuando éste tenía la edad de 13.700 millones de años antes del rebote. En cierto sentido, nuestro Universo y su gemelo serían imágenes especulares el uno del otro, con el momento del Big Bounce como línea de simetría.
Ambos universos se parecerían, por ejemplo, en que los dos seguirían las mismas ecuaciones dinámicas o en que tendrán la misma cantidad de materia contenida y seguirán la misma evolución. Pero el gemelo, al contrario que nuestro Universo, se está contrayendo, por lo que sería como si viéramos caminar a nuestro propio Universo hacia atrás en el tiempo.
Reproducción universal
Pero, según los físicos, no todo sería igual en un Universo con respecto al otro. Por ejemplo, la existencia de ese otro Universo gemelar al nuestro no implicaría que existiesen réplicas exactas nuestras o personas que hayan vivido nuestras propias vidas en esa otra realidad.
Según Singh, sucedería algo parecido a lo que pasa en los gemelos humanos: estudiados a escala se pueden apreciar incluso entre ellos pequeñas diferencias, como en las huellas dactilares o el ADN.
Además, aún quedan por aclarar otros factores de ese universo gemelar, explicó el científico. El más importante: si las propiedades similares sobrevivirían en el caso de que, en lugar de aplicar un modelo simplificado, se introdujeran variables más complejas, como las posibles huellas de las galaxias del universo anterior sobre el nuevo. ¿Darían lugar esas galaxias a estructuras similares a ellas en el Universo en expansión que surja?
Por último, el modelo de Corichi y Singh podría servir para conocer el futuro de nuestro propio Universo. Es posible de hecho que una generalización del modelo establecido por los físicos predijera un Big Bounce de nuestro propio universo. De esta forma, sería posible que nuestro universo generara a su vez otros universos, y que todos estos se parezcan unos a otros.
Los científicos harán públicas próximamente sus investigaciones en la revista Physical Review Letters, pero han anticipado el texto en Arxiv.

La percepción del tiempo en los animales

FUENTE: laflecha.net

De los muchos entes físicos que hay en el Universo el tiempo es probablemente el más misterioso. Lo podemos medir con la precisión exquisita de los relojes atómicos, podemos referir muchas otras cosas a él, podemos hablar de la flecha del tiempo, de la entropía y de la expansión del Cosmos, pero su esencia se nos escapa. Los físicos teóricos todavía no saben decir qué es el tiempo. Aunque ellos ya mostraron que el tiempo es relativo, maleable según el sistema de referencia o la presencia de masa. Pero estos conceptos objetivos chocan con nuestra percepción psicológica del tiempo.
En nuestra cabeza creemos de algún modo que el tiempo fluye, cuando en realidad lo que fluye es todo lo demás. También sospechamos que el tiempo probablemente sea la sustancia de la que está hecha la vida. Una vida limitada siempre a un indeterminado plazo de tiempo, siempre corto. Sobre el tiempo situamos nuestras experiencias pasadas en un pretérito perfecto o imperfecto; y sobre él, en un presente instantáneo, planeamos nuestro futuro pluscuamperfecto.
Sin nuestros recuerdos, sin nuestro pasado, sin nuestra memoria no seríamos nada y nos veríamos abocados, como pacientes de Oliver Sacks, a vivir sólo en un presente de pasado inventado a cada instante.
Ha habido también gente que nos ha contado mitos sobre el efecto de la cultura en esta percepción y la supuesta ausencia del concepto de futuro en ciertas comunidades. Los neurólogos y psicólogos han podido a veces estudiar la percepción del tiempo en humanos. Probablemente todos los humanos tengamos una percepción del tiempo, si no igual, muy parecida. Pero, ¿y los animales? ¿Podemos aprender de ellos sobre el relativismo psicológico del tiempo? No parece que sea fácil estudiar la mente humana, pero en animales parece todavía más complicado.
Si tiene un perro quizás haya notado que su amigo de cuatro patas se muestra igualmente contento de verle de nuevo transcurridos cinco minutos o cinco horas de haberse ido usted. ¿Tiene su perro una idea clara del trascurso del tiempo? Ahora unos investigadores de la Universidad de Western Ontario quizás nos puedan aclarar un poco este asunto.
Según William Roberts y sus colaboradores, que han estudiado ratas de laboratorio, estos animales son capaces de saber cuánto tiempo ha pasado desde que descubrieron un trozo de queso, si es poco o mucho tiempo, pero estos seres no crean recuerdos de cuándo sucedió el descubrimiento. Es decir, las ratas no pueden situar sus recuerdos en el tiempo.
En estudios previos se había sugerido que las ratas y una especie concreta de pájaro parecían recordar el haber almacenado o descubierto comida, pero no estaba claro que los animales recordaran exactamente cuándo sucedieron esos hechos o cuánto tiempo había pasado desde entonces.
Para encontrar el nuevo resultado estos investigadores diseñaron un experimento en el cual hacían que unas ratas visitaran un laberinto a diferentes horas del día. Algunos de los pasillos de este laberinto contenían bolitas de comida y uno de ellos un deseable trozo de queso. Después se devolvía a las ratas, en diversas ocasiones, al mismo laberinto con el queso reemplazado por otro tipo de comida.
Sobre tres grupos de ratas se estudió si poseían los conceptos de “cuándo”, “desde hace cuánto tiempo”, o “cuándo y desde hace cuánto tiempo”. Según sus resultados las ratas sólo comprendían hace cuanto tiempo la comida fue encontrada.
Según los investigadores la memoria episódica de las ratas es cualitativamente diferente a la humana, en la que se retiene el momento del pasado en el que sucedió un determinado evento.
Las ratas recuerdan si hicieron algo, como haberse hecho con comida hace unas horas o cinco días. Pero cuanto más tiempo haya pasado de un evento más debilitado estará el recuerdo del mismo, pues la memoria de las ratas se debilita en el transcurso del tiempo.
Aunque las ratas pueden aprender diferentes secuencias de acciones usando vestigios de recuerdos fuertes o débiles como indicadores, y de esta manera responder de diferente manera dependiendo del tiempo trascurrido desde que ocurrió el evento, no recuerdan, sin embargo, que el evento ocurriera en un punto específico del pasado.
Según Roberts el estudio apoya la teoría de que los animales están atascados en el tiempo, y que carecen del sentido de que el tiempo se extiende hacía atrás en el pasado o hacia adelante en el futuro.

El último transbordador espacial soviético llega a Alemania tras un viaje de un mes

FUENTE: elmundo.es

El último transbordador espacial soviético del tipo Buran ha cubierto sin incidencias y ante la mirada de miles de curiosos los cuatro kilómetros que le separaban de su destino final, el Museo de la Técnica de Espira.
El transbordador había llegado el viernes a la ciudad de Espira, en el oeste de Alemania, tras una travesía por el Rin a bordo de una gabarra especial procedente del puerto holandés de Rotterdam, penúltima etapa de un viaje que comenzó hace un mes en Barhein.
El último tramo hasta el museo, situado a unos cuatro kilómetros del muelle, comenzó a primera hora del sábado con el desembarque del transbordador, una maniobra muy aparatosa y compleja que fue seguida por miles de personas.
Las dimensiones del transbordador, similar al avión supersónico ruso Tupolev 144 y al Concorde francés, son igualmente impresionantes, más de 17 metros de alto por 36 metros de largo con un diámetro de 8 metros y cerca de 150 toneladas de peso.
El transbordador Buran, que empezó a ser desarrollado en los años 70, es el último superviviente de una serie de 20 lanzaderas que la ya extinta Unión Soviética construyó en la década de 1980 para asistir a la MIR, su estación espacial permanente.
Sin embargo, sólo uno de dichos aparatos llegó a volar al espacio en 1988, para regresar a su base de Baikonur después de dar dos vueltas de prueba a la Tierra, y la URSS acabó abandonando el proyecto por problemas de presupuesto.
El último Buran, con el número de serie 002, fue expuesto en Sidney durante los Juegos Olímpicos en 2000, seguidamente trasladado al emirato de Bahrein para otra muestra, tras la cual quedó en una situación de práctico abandono.
Gracias al esfuerzo de la sociedad de amigos que apoya al Museo de la Técnica de Espira, se pudieron reunir los 10 millones de euros que han sido necesarios para comprar el transbordador y organizar su traslado a Alemania.
El Museo de la Técnica de Espira, con unas instalaciones cubiertas de más de 16.000 metros cuadrados y un recinto abierto de más de 150.000 metros, es uno de los más espectaculares del mundo. El museo cuenta con unas 3.000 piezas, entre ellas el Boeing original de Lufthansa, un Jumbo 747 a un gigantesco Antonov 22, cerca de 50 coches de época, motocicletas, 20 locomotoras, 70 aviones y hasta submarinos de gran tamaño.

El polen fósil da pistas sobre como vivían nuestros antepasados en la sierra de Guadarrama

FUENTE: solociencia.com

El yacimiento de Pinilla del Valle es popular porque en él se han encontrado evidencias de presencia humana durante el Pleistoceno superior, en concreto dos dientes de Neandertales e industria lítica. Pero hasta ahora se conocía muy poco sobre cómo era el medio natural en que vivieron aquellos homínidos.
Un equipo de investigadores españoles coordinado por la paleontóloga de la Universidad de Alcalá de Henares Blanca Ruiz Zapata, entre los que se encuentra el conocido paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, acaba de identificar las especies que configuraban el paisaje vegetal hace cinco milenios. Y todo gracias al polen. “Los granos de polen son, sobre todo, pequeños – subraya la investigadora –, y una planta produce una enorme cantidad de ellos, de manera que hay una mayor posibilidad de que la pérdida de información a lo largo del proceso de fosilización afecte menos a esta estructura que a los tallos, raíces y hojas”. A esta ventaja se suma que el polen posee una cubierta externa altamente resistente, lo que facilita su conservación.
Según Ruiz Zapata, cuando comenzó el Holoceno o presente período interglaciar hace más de 10.000 años, se produjo un aumento progresivo de las temperaturas y precipitaciones. Eso explica por qué hasta hace 5.000 años, junto a las encinas, los pinos y los olivos propios del clima mediterráneo de la zona de Pinilla, crecían también avellanos, robles y abedules. Sin embargo, a partir de ese momento se produjo a escala global un descenso progresivo de la humedad, que en la Sierra de Guadarrama se traduce en un aumento de la aridez y una transformación del paisaje hacia un bosque típicamente mediterráneo.
En cuanto a la presencia humana en este mismo período, los investigadores han detectado actividad de tipo ganadero y han podido establecer cómo se produjo el tránsito del ganado trashumante a la instalación de cabañas ganaderas perennes. “Lo hemos conseguido analizando los pólenes de unas plantas herbáceas cuyo crecimiento va asociado a incrementos de nitrógeno procedentes de excrementos”, explica Ruiz Zapata.
No es la primera vez que esta paleontóloga viaja al pasado a través del polen. Previamente ya había realizado estudios polínicos en Altamira y su entorno, el yacimiento de Benzú (Ceuta), el Portalón de Cueva Mayor del yacimiento de Atapuerca (Burgos), el yacimiento de Ambrona y Torralba (Soria). Su próximo reto se sitúa en el Valle de Lozoya y el Macizo de Peñalara, donde asegura “a través de estudios de alta resolución se podrán detectar los cambios climáticos de corto y medio plazo, la variación de la línea del bosque y las modificaciones en los usos del territorio”.