Archivo diario: 02/04/2008

«En los polos se acabó la exploración y llegó el tiempo de los explotadores»

FUENTE: nortecastilla.es

Regresa a casa este hijo de la planicie (Valladolid, 1937) pero uno de los mayores amantes de las montañas que ha dado el país. Durante más de tres décadas ha conjugado la ciencia con la aventura. Una docena de expediciones a los polos, premio nacional de Medio Ambiente, y su cátedra, ya emérita, de Geografía, le convierten en un referente de nuevas generaciones. Ayer abrió el ciclo de cuatro conferencias ‘Antártida. Cambio global, ciencia y aventura’, que se desarrollan en el Aula Triste de la Universidad.
-¿Cuánta información hay en los polos de lo que somos y lo que estamos haciendo con el planeta?
-La Tierra se ha convertido en un lugar que no tiene confines. Ya no existe el concepto de lo desconocido, lo cual no deja de ser un poco terrible, que ya no haya ese misterio. Esa aldea global funciona como tal y los polos no son más que trozos helados del planeta. Esto significa que la Antártida y el Polo Norte se han convertido en provincias del mundo. Ocurre como en el Oeste americano, que primero llegaron los exploradores y después los explotadores. También a los polos ha llegado el tiempo de los colonos.
-Eso es un gran riesgo, cuando se escucha a las potencias luchando por repartirse los hielos para buscar riqueza en su subsuelo.
-Todo el que tiene un poco de poder va a por ello en un sentido muy pragmático. Pero, mientras el Ártico es un mar internacional, prácticamente un lago entre Rusia, Europa y América; la Antártida es un continente alejado, remoto, con miles de metros de espesor de hielo y difícil de explotar. Por eso es el único que no tiene dueños ni gobiernos, sólo un tratado internacional. Hay una moratoria que supongo que se discutirá cuando se agoten otras zonas y fuentes de energía.
-Los dos polos nos hablan de lo que les estamos haciendo: deshielo, aumento de los mares.
-El clima es global y las interferencias entre aguas, atmósfera y tierra son enormes. Hay una dependencia mutua y un intercambio y un diálogo constante. Todo el hielo del planeta está sometido a un riguroso sacrificio, es un paisaje en derrota.
-Sí, lleva muchos años subiendo a los Pirineos a certificar ‘defunciones’ de glaciares. Contó más de treinta y quedan… ¿ocho o diez?
-Hay que tener cuidado con el número. Cuando un glaciar se achica aparecen trozos que puede ser ‘hijitos’. Lo que es cierto, es que las hectáreas de pérdida son enormes. En 1980 había unas 600. En el 2000, unas 300…. A ese ritmo, en el 2020 desaparecerán.
-Ya hay previsiones en ese sentido respecto a fechas.
-Sí, pero hay que reiterar la cautela porque el clima es zigzageante. La tendencia es que, desde 1990, la aceleración es brutal.
-¿Y hasta qué punto, el que respetemos los polos o no va a acelerar el cambio climático?
-El problema del cambio climático está más en las naciones civilizadas y el hiperconsumo que en las zonas menos desarrolladas. Estas son los ‘pacientes’, pero los ‘agentes’ están en Norteamérica, Europa y Asia. De ahí llega el ‘efecto invernadero’. Lo que hacen es interferir en un proceso que puede tener un componente natural. No hay que olvidar que en la era posglaciar (unos 10.000 años) ha habido al menos diez fluctuaciones glaciares y el hombre sólo ha intervenido, al parecer, en esta última. Y, además el clima es cambiante, no es fijo ni está en equilibrio. Ha habido aceleraciones y también pausas a lo largo de toda la historia de la Tierra.
Sociedad dormida
-Pero hablar de esto, ¿no es cargar de argumentos a los que niegan el cambio climático?
-No se debe ideologizar sobre esto sino tratar con argumentos y datos razonados. Y los hechos son que estamos ante un cambio acelerado que empezó a partir de 1860, que son los efectos de la primera revolución industrial. Y que se aceleró a partir de 1990 como consecuencia de la hipertrofia de estas acciones.
-Experto en planes de explotación de parques naturales, ¿se ha logrado equilibrar respeto y uso de los espacios naturales protegidos?
-No. Las cosas están dormidas y hay que despertarlas. Se han hecho correctamente hasta un punto y ahora se han torcido. Se han evaporado las propuestas de los científicos y no son tangibles…
-…O se ha impuesto la especulación auspiciada por las administraciones: ante un campo de golf no hay parque que se le resista, acuérdese de Ávila.
-Según la ley, hasta que los planes de explotación no están diseñados se congelan todas las actividades nocivas. Pero insisto en que hay un sopor en la materia y hay que despertar de ello a quien lo sufre.
-Usted ha dicho que la naturaleza es la mejor aula. ¿Somos malos alumnos?
-No estamos haciendo bien las cosas. Fíjese en el deporte de la montaña. Se practica mucho, pero vacío, y hay que cargarlo de contenido, incluso moral. Hay que actuar en todos los frentes.
-Es colaborador de ‘Al filo de lo imposible’. ¿Cómo casa la naturaleza con su espectáculo mediático?
-Sí, es muy complicado. Siempre tengo el problema sobre si escribo o no sobre algo. Si no lo hago, no lo doy a conocer. Y si lo escribo, le doy publicidad. Es un arma de dos filos. Soy partidario de dar a conocer las cosas dentro del respeto y que reviertan en el sentido positivo. No sólo se ama lo que se conoce, es que, si no lo conoces, no puedes amarlo… o odiarlo, pero no puedes tener relación.

Un software permite crear redes wireless que se autogestionan

FUENTE: tendencias21.net

El proyecto europeo RUNES (Reconfigurable Ubiquitous Networked Embedded Systems), liderado por Ericsson y que cuenta con la ayuda de otros 20 socios tecnológicos, está desollando un software que permita a los pequeños dispositivos móviles que nos rodean en nuestra vida cotidiana auto organizarse y formar redes inalámbricas automáticamente, sin la participación del ser humano. Sus creadores esperan que un desarrollo así permita a estos dispositivos móviles jugar un importe papel en situaciones de emergencia o en control del tráfico.
 El proyecto europeo RUNES, que lidera Ericsson, está desarrollando un software para que los dispositivos móviles se conecten y se organicen entre sí automáticamente para formar redes inalámbricas. Sus impulsores esperan que el software permita que los dispositivos móviles que usamos cotidianamente desempeñen funciones importantes en momentos puntuales, como en la gestión de las emergencias.
Desde los semáforos, pasando por los teléfonos móviles o las PDAs, siempre tenemos a nuestro alrededor cientos de ordenadores desempeñando alguna función. Si se consigue que estos auténticos “sistemas integrados” formen una red de comunicaciones wireless automáticamente, su función variaría sustancialmente y, además de hacer aquello para lo que fueron creados, podrían desempeñar un papel muy importante en momentos puntuales en áreas como la gestión de una emergencia, la sanidad o el control del tráfico.
Las redes de sensores móviles y otros pequeños dispositivos electrónicos tienen un potencial enorme: gestión de emergencias, seguridad, apoyo a personas dependientes, control del tráfico, controles medioambientales…
Por ejemplo, ¿qué papel podrían desempeñar estas redes inalámbricas “informales” en caso de incendio en un túnel? El proyecto ha incluido una simulación del papel que desempeñarían estas redes en tal caso. Con las comunicaciones destruidas y el túnel lleno de humo, las brigadas de emergencias normalmente tendrían muchos impedimentos y problemas para localizar a la gente atrapada en el túnel.
En este caso, una serie de sensores inalámbricos o una especie de robots-routers serían la única menara de conseguir información sobre la visibilidad, la temperatura o la localización de los vehículos en el interior del túnel, los bomberos, por su parte, podrían recibir incluso mapas e instrucciones a través de pequeños terminales o pantallas integradas en sus cascos.
Para que esta visión se haga realidad, los dispositivos móviles tienen que ser capaces de autogestionarse entre sí para formar una red inalámbrica abarcando la enorme variedad de tecnologías de la comunicación que hay. La finalidad del proyecto RUNESes precisamente desarrollar un software que permita a los dispositivos móviles crear redes inalámbricas.
RUNES está financiado por la UE y en él participan 21 socios de nueve países diferentes y, aunque es la empresa Ericsson quien lidera el proyecto, éste tiene su vía académica con la presencia de varias universidades. La mayor parte del software resultante será de acceso público.
Redes inteligentes
“Las redes móviles son muy diferentes de las redes wireless formadas por los ordenadores que nos encontramos en la oficina o en casa. Sin la administración de una persona, tienen que ser capaces de formarse solas a partir de los dispositivos que estén cercanos. Además, tienen que ser capaces de autogestionarse para adaptarse según los dispositivos móviles se mueven y entran y salen de su zona de influencia”, comenta una de las responsables del proyecto, Lesley Hanna en un comunicado recogido por ICT.
Por otro lado, al contrario de los que ocurre con las redes en nuestra oficina, que están formadas por potentes ordenadores y por routers separados, los bloques que forman una red móvil son dispositivos con limitaciones en su energía (piénsese en la batería de un teléfono móvil, por ejemplo) y que deben tener su propio enrutamiento inalámbrico.
Una de estas redes podría contener decenas e incluso centenas de “sistemas integrados”, desde ordenadores portátiles hasta pequeñas unidades equipadas con un sensor, un microcontrolador y radio que pueden ser colocados en ciertos lugares (como en el túnel del primer ejemplo) para vigilar. Puestos a imaginar, otros dispositivos podrían ser llevados por robots o ser instalados en ropas “inteligentes” o partes de nuestro propio cuerpo.
El problema para conseguir que todo este tipo de dispositivos lleguen a comunicarse entre sí de manera automática no son los protocolos, ya que la mayor parte de los teléfonos móviles, por ejemplo, usan los mismos estándares (GMS, Wi-Fi o Bluetooth). El verdadero reto es construir redes que se autogestionen y que funcionen perfectamente con diferentes sistemas operativos y con un consumo de energía lo más bajo posible.
Sistema flexible
Los miembros de RUNES están trabajando para crear un software que una los diferentes sistemas operativos usados habitualmente por los dispositivos móviles y los nodos de los sensores móviles. También desarrolla aplicaciones que permitan usar los datos recogidos por los sensores. El middleware de RUNES es modular y flexible, permitiendo a los programadores generar aplicaciones sin tener que saber mucho sobre los dispositivos que forman la red. De esta manera, según sus creadores, es más sencillo incorporar nuevos tipos de dispositivos o reutilizar las aplicaciones.
Los socios del proyecto también trabajan en un sistema operativo y un simulador. Contiki es un sistema operativo de código abierto diseñado para trabajar en red con sistemas integrados. Simics, por su parte, es un simulador que permite poner a prueba la compatibilidad de las grandes redes con el hardware.
El escenario del túnel de fuego tuvo mucho valor porque fue una demostración de lo que las redes de este tipo pueden lograr. Usando de forma real nodos sensores, routers, gateways y los robots desarrollados durante el proyecto, demostraron cómo el software lograba que algunos de los elementos que formaban la red inalámbrica móvil (en concreto lo que los investigadores llaman robot-router) se movieran pos sí mismo para cubrir un vacío en la cobertura de la red inalámbrica.
“Mucha gente ha estado buscando en los sistemas integrados en red, pero hasta ahora se había renunciado a dar el paso para hacerlo comercial”, dice Hanna. “El modelo de código abierto de RUNES es una excelente forma de estimular el progreso” puntualiza.

Descubren nuevas fallas activas bajo el mar de Alborán

FUENTE: fys.es

Un equipo de investigadores ha definido estructuras geológicas en la periferia de la isla de Alborán que podrían tener una incidencia relevante en la génesis de terremotos. Las imágenes obtenidas con una sonda de barrido lateral han permitido establecer el origen y la distribución de las fracturas que afectan a materiales antiguos y a los más recientes. En total, se han cartografiado 195 fracturas que afectan a las rocas volcánicas.
Conocer el origen de los terremotos en el mar de Alborán es uno de los mayores atractivos para la comunidad científica internacional interesada en la actividad sísmica del margen meridional de la Península Ibérica.
Científicos del Instituto Español Oceanográfico (IEO), del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y de la Universidad de Cádiz han dado cuenta de la peligrosidad sísmica asociada a la actividad de las fallas hasta tiempos recientes, a bordo del buque F.P. Navarro, del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en la campaña oceanográfica denominada Alborán 9409.
La trascendencia social de estos movimientos, según explican los expertos a SINC, «va a determinar las condiciones de habitabilidad y el desarrollo futuro de la actividad humana en las proximidades de las fallas».
El estudio, publicado recientemente en la revista Geo Marine-Letters, se ha realizado en la periferia de la isla de Alborán, el islote español de origen volcánico, situado en el mar Mediterráneo, entre el litoral almeriense y el norte de África. En total, se han estudiado y cartografiado 195 fracturas que afectan a las rocas volcánicas.
Uno de los principales objetivos de la investigación ha sido definir el modelo de fracturación de las rocas volcánicas que forman la plataforma continental interna de esta isla. El estudio se ha elaborado a partir de imágenes obtenidas con una sonda de barrido lateral. Estas imágenes han permitido establecer el origen y la distribución de las fracturas que afectan tanto a los materiales antiguos como a los más recientes.
El análisis de estas fracturas muestra que su formación se relaciona con la reactivación de fallas de dirección noroeste-sureste, que compartimentan la Dorsal de Alborán en bloques, en vez de deberse a las grandes estructuras de dirección noreste-suroeste que controlan la orientación de la dorsal.
«Se ha definido la existencia de otras estructuras menores de dirección casi ortogonal a la estructura principal que podrían tener una incidencia relevante en la génesis de terremotos», señala a SINC el autor principal del estudio, Adolfo Maestro, investigador titular del IGME.
Evolución geológica del mar de Alborán
Para explicar la reactivación de las fallas es necesario comprender la geología del mar de Alborán. Según los científicos, la reciente evolución de la Cuenca de Alborán se relaciona con el proceso de convergencia entre las placas euroasiática y la africana, debido al movimiento de ésta hacia el norte. Este proceso da lugar a un desplazamiento hacia el oeste del Bloque de Alborán, y a la formación de corteza oceánica en la Cuenca Algero-Balear.
El interés del estudio, subraya Maestro, «reside en establecer la importancia que tiene la reactivación de estructuras geológicas antiguas, bajo el campo de esfuerzos actual, en la deformación de materiales recientes a partir del estudio de fallas de escala métrica a decamétrica que afectan a los materiales volcánicos de edad Mioceno superior (aproximadamente nueve millones de años) que se localizan en la plataforma continental de la Isla de Alborán».

Los rayos cósmicos impedirían al hombre viajar a Marte

FUENTE: laflecha.net

Además, la NASA no está financiando adecuadamente los experimentos necesarios para descubrir formas de protección, según una comisión del Consejo de Investigación Nacional de Estados Unidos.
“Uno de los mayores asuntos es que han reducido mucho la financiación a los temas biológicos”, dijo en una entrevista telefónica el astronauta retirado James van Hoften, que presidió la comisión.
La comisión de expertos indicó que las normas actuales de seguridad de la NASA contra la radiación pueden proteger a los astronautas e instaron a la agencia espacial estadounidense a mantenerlas vigentes.
El volumen de la Tierra, su atmósfera y campo magnético protegen a la vida de la radiación solar y los rayos cósmicos que viajan a través del espacio, mientras que los astronautas sólo cuentan con una pequeña capa protectora ante estos rayos, que incluyen radiación cósmica galáctica y partículas solares.
Van Hoften lo sabe por experiencia personal.
“Conocí la radiación espacial en primera persona como miembro de la tripulación del transbordador espacial Challenger en abril de 1984. ‘¿Qué diablos es eso?’, pregunté después de ver lo que parecía un rayo láser blanco que pasaba rápidamente a través de mis ojos”, escribió van Hoften en la presentación del informe.
“‘Oh, sólo son rayos cósmicos’, dijo Pinky Nelson, mi compañero de paseo y físico especializado. La idea de que partículas de alta energía originadas en un lejano evento cósmico pasaran tranquilamente a través del transbordador y a través de mi cabeza me hizo pensar que eso no podía ser saludable. La verdad del asunto es que no lo es”, añadió.
“Cuanto más joven seas, peor”, añadió van Hoften, indicando que al igual que otros tipos de radiación, el daño puede requerir muchos años para provocar una enfermedad.
“No habría problemas si enviaran a un montón de viejos como yo”, bromeó.
Cualquier misión a Marte que utilice la tecnología actual tardaría unos tres años, explicó van Hoften, un tiempo que expondría a los astronautas a muchísima radiación.
El informe, encargado por la Dirección de Misión de Sistemas de Exploración de la NASA, sostiene que la radiación supone riesgo de cáncer y otros problemas de salud durante varios años después de que los astronautas regresan a la Tierra.

De los sonidos de los bebés al lenguaje como parche evolutivo

FUENTE: elpais.com

Los humanos son muy especiales porque cuando son todavía bebés, en su primer año de vida, “hacen cosas poco rebuscadas, muchas tonterías, gesticulan sin sentido y utilizan sílabas como la-la-la que no tienen sentido”, dice Friedemann Pulvermüller, neurobiólogo de la Universidad de Cambridge. “Antes se consideraba que era un prelenguaje, pero con la neurociencia creemos que es un paso importante para vincular la acción con la percepción. Produzco un sonido, lo escucho, y luego las partes del cerebro que procesan los sonidos se activan junto con las partes que controlan los movimientos”. ¿Cuándo se originó el lenguaje? ¿Por qué los humanos tenemos esta capacidad, quizá una de las más importantes? Hablamos desde hace miles de años, pero no existen todavía respuestas rotundas. Un grupo de expertos debatió recientemente en Cosmocaixa sobre los orígenes del lenguaje y los últimos hallazgos científicos.
Muchos investigadores hablan del papel de las neuronas espejo, que vinculan percepciones con acciones. Los monos apenas tienen neuronas espejo y hasta los niños pequeños son mejores para imitar y repetir palabras. ¿Cuál es el mecanismo? “Debe de ser una unión entre lo percibido y las representaciones: el sonido de la palabra y los movimientos de la boca, la articulación, deben de estar unidos. Y esto debe suceder miles de veces”, añade. Cuando se entiende una palabra, primero se activa la parte del cerebro que escucha y luego la parte motora de forma automática, “aun cuando no sea necesario producir el sonido, porque la representación se esparce por el cerebro”.
Las redes neuronales vinculan las redes de información de percepción y las motrices. Con técnicas como la magnetoencefalografía “hemos visto que bastan 20 milisegundos para que esta activación se produzca”. También defiende, a través de pruebas neurofisiológicas, la existencia de reglas sintácticas presentes en el cerebro.
Pulvermüller colabora con Marcelo Berthier, de la Universidad de Málaga, en el desarrollo de terapias lingüísticas intensivas para pacientes que han sufrido un accidente neurovascular. “Tratamos de colocar las palabras en el tipo de acciones en el que normalmente se utilizan: por ejemplo, pedir al paciente que le pase la botella de agua para luego verterla en un vaso”. La combinación de la terapia lingüística con ciertos fármacos parece tener buenos resultados, según un trabajo de próxima publicación.
“Lo que hace interesantes a los humanos no es el hecho de las palabras en sí mismas, sino poder aprender y crear nuevas palabras”, explica Gary Marcus, profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York. Claro que, para Marcus, el lenguaje es imperfecto, con fallos de diseño como “las frases ambiguas” o el empleo de la memoria. Según menciona en un libro de próxima publicación, el lenguaje es un parche similar a la columna vertebral, “un mal diseño de la evolución para soportar el peso del cuerpo”, asegura.
Marcus investiga actualmente en las raíces del lenguaje en los niños y cómo se consigue adquirir la gramática. “Enseñamos a niños y bebés una gramática muy simple con frases como ga-ta-ta o na-na-ta y hemos visto que bebés de siete meses son capaces de distinguir diferencias cuando cambiamos el orden; se muestran interesados y creemos que intentan entender la gramática de aquello que escuchan”. Marcus también trata de responder hasta qué punto el lenguaje se aprovecha o se crea a partir de la memoria, utilizada para otros motivos, o la separación del lenguaje del resto de la mente.
La arqueología y paleogenética también están poniendo su granito de arena, aunque “el idioma no se fosiliza en los yacimientos”, comenta el arqueólogo Francesco d’Errico, del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia. D’Errico forma parte de los que defienden el desarrollo gradual del lenguaje. “Los hombres arcaicos de Europa y de Eurasia podían tener un idioma, aunque no sabemos si era parecido al del hombre moderno en África”. Durante el último año se han realizado varios descubrimientos arqueológicos en el continente africano y en Europa que demuestran que había un comportamiento simbólico en África hace más de 40.000 años.
D’Errico ha participado en el estudio de las trazas microscópicas de los desgastes de un tipo de conchas que se utilizaban como adornos corporales en un yacimiento en Marruecos, entre otros. En cambio, en Europa, durante el Paleolítico Superior se llegaron a utilizar 190 especies distintas de conchas, algo que está relacionado con la regionalización de los objetos de adorno “y que probablemente signifique que ya había una diferenciación etnolingüística, una regionalización de los idiomas en Europa”.
La eterna pregunta: ¿hablaban los neandertales? “Tuvieron comportamientos que nos lo hacen pensar, aunque fuera de manera distinta al hombre moderno”. Crearon sepulturas, emplearon pigmentos oscuros para la piel y útiles óseos. También parecen corroborarlo los últimos descubrimientos antropológicos realizados por otros investigadores, como huesos que sugieren un aparato fonatorio, o la presencia en los restos de la cueva El Sidrón, en Asturias, del gen FoxP2, crucial en el desarrollo del lenguaje. “Si hablaron, esto favorecería la hipótesis multigenética de los idiomas; los idiomas han podido desarrollarse en varios momentos y también desaparecer”, concluye D’Errico.

Un equipo del CSIC desarrolla un algoritmo para mejorar el movimiento y la estabilidad de los robots caminantes

FUENTE: csic.es

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desarrollado un algoritmo de adaptación para robots caminantes que mejora su movimiento y la estabilidad. El sistema supervisa los movimientos del robot, observa el entorno y modifica
automáticamente los parámetros de locomoción. El algoritmo de adaptación, que se puede aplicar a cualquier robot, se incorpora al sistema de control de la máquina, por lo que no necesita supervisión humana. La investigación aparece en el número de abril de Autonomous Robots.
La directora del trabajo, Elena García, que trabaja en el Instituto de Automática Industrial (CSIC), en Madrid, señala las aplicaciones de la investigación: “Ayudará a que los robots se adapten mejor al medio en entornos hostiles para el ser humano, como tareas de desminado, reconocimiento y rescate en escenarios de catástrofes, y consolidación de laderas. También en trabajos agrícolas y forestales, donde el acceso de
vehículos con ruedas es difícil o agresivo para el medio ambiente”.
El algoritmo se ha experimentado en un robot cuadrúpedo de 30 kilos de peso denominado Silo4. El algoritmo de adaptación al medio supervisa los movimientos del robot, observa el entorno y modifica automáticamente los parámetros de locomoción: los puntos de apoyo de las patas en el suelo y la posición relativa del centro de masas del robot, para contrarrestar el efecto de las perturbaciones, tanto de los sistemas de abordo, como de los provenientes del entorno que choque con el robot.
“Cuando un robot transporta cargas pesadas, las perturbaciones sobre su locomoción son importantes, hasta el punto de que le pueden hacer perder el equilibrio. El sistema mide estas perturbaciones y adapta el movimiento de las patas del robot para que pueda avanzar y mantener el equilibrio. El sistema se inspira en la naturaleza, pues todos los animales modifican la posición de sus apoyos, se agachan o se inclinan hacia adelante para hacer frente a una pendiente o arrastrar una carga”, señala la investigadora del CSIC.
EL EXPERIMENTO
Para comprobar el funcionamiento, los investigadores dirigieron a Silo4 para que realizara varios movimientos y comprobaron diferencias cuando añadieron el algoritmo al robot. Para ello, se le hizo caminar y arrastrar un cajón a través de terreno natural. Al cajón se le añadieron pesas para dificultar el trabajo de Silo4. Sin el algoritmo, tras añadir peso, el robot volcaba por la perturbación que producía la carga. Al añadir el algoritmo, los investigadores comprobaron que el robot adaptaba su locomoción al peso que se iba
añadiendo y conseguía realizar su tarea.
“Hace poco tiempo los robots caminantes para exteriores eran máquinas muy lentas e inestables y cualquier perturbación podía desequilibrarlos y hacerlos volcar. Esto se solucionaba guardando márgenes de seguridad grandes en las medidas de estabilidad y con movimientos muy lentos. Con el nuevo sistema se puede reducir el margen de seguridad y aumentar la estabilidad, ahora lo que queremos es mejorar su potencia”, destaca García.

Las abejas cruzarán una gran autopista de Israel por un puente ecológico

FUENTE: elmundo.es

Científicos israelíes crearán un “corredor aéreo” para que las abejas puedan cruzar una de las principales autopistas del país y polinizar una flor endémica que, de otra forma, podría extinguirse.
Esta iniciativa, de un grupo de científicos de la Universidad Ben Gurión del Neguev, se debe a la disminución progresiva de un campo de flores de la familia de la ‘Iris atropurpurea’, que está situado a las afueras de la ciudad de Natania, unos 20 kilómetros al norte de Tel Aviv.
Desde hace años, las abejas han dejado de visitar el lugar porque, para llegar, deben cruzar la autopista que conecta Tel Aviv con Haifa, la segunda más transitada de Israel, con los riesgos que ello conlleva.
“No tenemos claro por qué, pero aparentemente el ruido, la contaminación y la necesidad de volar más alto para pasar encima de los coches provocan algún tipo de trauma (en las abejas) que les impide cruzar”, dijo al diario ‘Haaretz’ el investigador Yuval Sapir.
El resultado es que la abejas ya no pueden disfrutar de su lugar habitual de refugio en los días de frío, las flores han perdido su principal mecanismo de polinización y el campo se está reduciendo de forma progresiva.
Flor de invierno
La flor en cuestión, también conocida como iris púrpura oscura y que aparece por un breve período en invierno, sólo crece en Israel.
Para salvarla los científicos han propuesto a la Alcaldía de Natania la construcción de un “corredor ecológico” por el que las abejas puedan pasar al otro lado y cumplir su misión.
La propuesta incluye la construcción de un puente sobre la carretera que, en lugar de ser asfaltado, será convertido en un jardín botánico con las especies que atraen a las abejas, entre ellas el iris.
Sapir espera que con las condiciones apropiadas el puente se convierta en un corredor por el que las abejas se trasladen de uno a otro lado, y resolver los incesantes problemas que la modernización plantea a estos insectos.

Los neandertales migraban más de lo que se creía

FUENTE: solociencia.com

En un proyecto de colaboración entre cuyos participantes figuran investigadores de Alemania, Reino Unido y Grecia, el profesor Michael Richards, del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, y la Universidad de Durham en el Reino Unido, y sus colaboradores, utilizaron tecnología láser para recolectar partículas microscópicas del esmalte del molar.
Analizaron las proporciones de isótopos de estroncio en el esmalte. El estroncio es un metal existente de modo natural que llega al cuerpo a través de los alimentos y el agua. Los resultados del análisis permitieron a los científicos desvelar la información geológica gracias a la cual lograron averiguar dónde había estado viviendo el sujeto neandertal cuando su molar se formó.
La pieza dental en cuestión, un tercer molar, se formó cuando el neandertal tenía entre 7 y 9 años de edad. El hallazgo tuvo lugar en una caverna costera de roca caliza en Lakonis, en el sur de Grecia, durante una excavación dirigida por la investigadora Eleni Panagopoulou. Las lecturas de los isótopos de estroncio indican que el esmalte se formó cuando el neandertal vivía en otra región, una que formaba parte de un lecho rocoso volcánico. Este hallazgo podría servir para ayudar a dar la respuesta definitiva a un largo y viejo debate sobre la movilidad de la ya extinguida especie de los neandertales.
Algunos investigadores plantean que los neandertales permanecían en un área pequeña durante la mayor parte de su vida; otros dicen que sus movimientos fueron más sustanciales, y que recorrieron largas distancias; y otros creen que sólo se movieron en un área limitada, quizás en asentamientos estacionales para acceder a distintas fuentes de alimentos.
Los análisis efectuados en este estudio indican que cuando la corona de la muela se formó, este individuo tuvo que haber vivido en un lugar diferente a aquel en el que se produjo el hallazgo de la muela. La evidencia indica que este neandertal recorrió una extensión relativamente amplia, de al menos 20 kilómetros, o incluso más, durante su vida. Por tanto, parece claro que los neandertales sí se desplazaban durante su vida y no se quedaban confinados en terrenos geográficamente muy limitados.

Vendaje inspirado en la capacidad adherente de los gecos

FUENTE: solociencia.com

Tomando como referencia algunos de los principios que hacen que los pies del geco sean exclusivos, la superficie del vendaje tiene la misma clase de valles y elevaciones nanométricos que permiten al lagarto adherirse a las paredes y a los techos. Por encima de esta “topografía”, se extiende una capa fina de goma que ayuda a que el vendaje conserve su adherencia en zonas muy húmedas como el corazón, la vejiga o el tejido pulmonar. Y, debido a que el vendaje es biodegradable, se disuelve con el paso del tiempo y no se hace necesario retirarlo.
El equipo responsable del desarrollo de este vendaje lo dirigen Robert Langer del MIT y Jeff Karp de la Academia Médica de Harvard.
Es muy necesaria la existencia de un adhesivo médico como éste. Por ejemplo, una cinta adhesiva para cirugías hecha de este nuevo material, podría enrollarse alrededor del intestino después de la extracción de un segmento enfermo o después de una operación de bypass gástrico. También serviría como parche para un agujero causado por una úlcera. Además, tendría una aplicación muy efectiva en procedimientos quirúrgicos en los que sea particularmente difícil la sutura por llevarse a cabo a través de una incisión muy pequeña.
Los adhesivos secos al estilo del geco han existido desde alrededor del año 2001, pero han surgido retos significativos en la adaptación de esta tecnología para su uso médico, debido a los estrictos criterios requeridos sobre el diseño. Para su uso en el cuerpo humano, deben ser capaces de adherirse en un entorno húmedo y estar fabricados con los materiales adecuados para las aplicaciones médicas. Tales materiales deben ser biocompatibles para que no produzcan inflamaciones; biodegradables para que se disuelvan con el paso del tiempo sin producir toxinas; y elásticos para que se amolden a los tejidos del cuerpo.
Los investigadores del MIT cumplieron con estos requisitos fabricando su adhesivo médico con un “biocaucho” inventado por Karp, Langer y otros.