La evolución del creacionismo
FUENTE: nortecastilla.es
Hubo un tiempo en el que el hombre creía que vivía en un mundo joven y que había sido puesto en él por Dios. A mediados del siglo XVII, el clérigo anglicano James Usher, primado de Irlanda, calculó a partir de la Biblia que la Creación había acontecido el domingo 23 de octubre de 4004 a.C. Su cronología, incluida en ‘Annales Veteris Testamenti, a prima mundi origine deducti’ (1650), fechaba el Diluvio en 2348 a.C. y la llamada de Dios a Abraham en 1921 a.C., entre otros ‘hechos’. El Antiguo Testamento era un libro de Historia. Hasta que en 1859 se publicó ‘El origen de las especies’.
«Darwin completa la revolución copernicana, que había dejado fuera el origen de los seres vivos. Copérnico, Galileo y Newton habían explicado los fenómenos naturales como resultado de procesos naturales. Darwin hace lo mismo respecto a los seres vivos. Todo se puede explicar por la selección natural», dice Francisco J. Ayala, biólogo de la Universidad de California. El científico español, autor de ‘Darwin y el diseño inteligente. Creacionismo, cristianismo y evolución’ (Alianza, 2007), es desde hace décadas uno de los firmes opositores de los herederos del arzobispo Ussher en EE. UU., país donde la mitad de la población rechaza la evolución.
Mutación por sentencia
Los creacionistas estadounidenses, creyentes en la literalidad bíblica, intentaron a partir de los años 20 del siglo pasado impedir la enseñanza de la teoría de Darwin en las escuelas. Consiguieron que en varios Estados se promulgaran leyes prohibicionistas, que el Tribunal Supremo declaró contrarias a la Constitución en 1968. En la década de los años 80, cambiaron de estrategia y volvieron a la carga exigiendo que el creacionismo se enseñara como una alternativa científica a la evolución. Sacaron adelante leyes en esa línea en Arkansas y Luisiana, pero fueron declaradas inconstitucionales por el Supremo al considerar el ‘creacionismo científico’ -como lo habían rebautizado- una forma de religión, cuando en la escuela pública de ese país no tiene cabida ningún credo. Este revés les obligó a cambiar de estrategia a principios de los 90.
Aunque sigue habiendo literalistas bíblicos, el moderno antidarwinismo ni esgrime el Antiguo testamento ni gusta de hablar de Dios como creador. «La diversidad y la complejidad de la vida no pueden seguir atribuyéndose en el siglo XXI al azar y al paso del tiempo», sostiene el oftalmólogo leonés Antonio Martínez, representante en España de la asociación Médicos y Cirujanos por la Integridad Científica (PSSI). Martínez y sus colegas de la PSSI se definen como «antidarwinistas radicales». Sostienen que la complejidad de la vida sólo puede explicarse por la mano de un diseñador. Cuando se les pregunta quién es, eluden mentar a Dios y hasta hablan de que se trate de visitantes extraterrestres. «El ‘diseño inteligente’ es creacionismo. No llaman Dios al diseñador para no tener más problemas en los tribunales», asegura Ayala. «Tratan de no ser vistos como religiosos», coincide Eustoquio Molina, paleontólogo.
Variante peligrosa
Molina considera la nueva variante del antidarwinismo más peligrosa. «Los literalistas bíblicos, que todavía existen, son muy burdos, muy simplistas». Eudald Carbonell, codirector de las excavaciones de Atapuerca, recuerda en este sentido que, cuando era niño, «todo el mundo creía en Adán y Eva, y ahora no creen ni los teólogos». El ‘diseño inteligente’ ni siquiera es algo nuevo, advierte Molina. «Han desempolvado un antiguo argumento religioso. El reverendo inglés William Paley escribió en ‘Natural theology’ (1802) que, al igual que detrás de un reloj hay un diseñador, tenía que haberlo para los seres vivos».
David Hume había desmontado años antes esa idea diciendo que no había pruebas de ella ni posibilidad de verificarla. Lo mismo que pasa con el ‘diseño inteligente’ moderno, a juicio de los biólogos. «El problema -apunta Ayala- es que atrae a mucha gente que cree que es bueno que la ciencia pruebe la existencia de Dios, cuando la verdad es que, dentro de la ciencia, Dios ni entra ni sale». Soler cree que la propia naturaleza del creacionismo -ligado históricamente a grupos protestantes- no le augura un buen futuro en una España donde los católicos aceptan la evolución como la manera de Dios de llevar a cabo su plan.
Los promotores del ‘diseño inteligente’ nunca han presentado pruebas de lo que afirman en una revista científica. «Es que hay una conspiración contra la libertad de pensamiento», argumenta Martínez. «El ‘diseño inteligente’ es la misma patraña de siempre. No es ciencia y por eso no existe un debate científico», dice Carbonell.
Creador chapucero
¿Pero está la vida tan bien diseñada como sostienen los creacionistas? «No. De haber sido diseñada, sería por un chapucero. Nuestra mandíbula, por ejemplo, es muy pequeña y no deja sitio para la muela del juicio; ¿por qué el canal del parto es tan pequeño en nuestra especie, lo que ha provocado infinidad de muertes? Que nuestro sistema respiratorio y digestivo se crucen es un fallo de diseño ha costado la vida a mucha gente. Cualquier ingeniero lo habría hecho mejor», responde Manuel Soler, presidente de la Sociedad Española de Biología Evolutiva.
«Quien dice que Dios es el diseñador de todo está blasfemando», ironiza Ayala. Y recuerda que el 20% de los embarazos acaba en aborto espontáneo en los dos primeros meses. La respuesta a todos esos fallos de diseño está en Darwin. «La evolución usa lo que tiene a mano; no parte de cero», señala el paleontólogo de la Universidad de Zaragoza. Diferentes en apariencia, las extremidades anteriores del hombre, el perro, la ballena y el gorrión son estructuralmente idénticas. Ninguna es perfecta, todas son heredadas del primer ser vivo que caminó sobre la tierra. «La evolución consiste en la transformación gradual de unos organismos ya existentes en otros», explica Ayala.
Martínez no admite la relación evolutiva. «No creo que el hombre sea pariente del chimpancé. No conozco ningún mecanismo para que surja una especie de otra».
La capacidad de lectura no es innata y ha requerido un reciclaje neuronal
FUENTE: tendencias21.net
La lectura no es una capacidad innata en el ser humano sino que requiere de un aprendizaje que necesita tiempo y paciencia. Además es una capacidad que ha precisado de un “reciclaje neuronal” a lo largo de los siglos, y que nuestro cerebro y nuestro sistema visual se adapten para reconocer la escritura.
Esta idea es la que defiende Stanilas Dehaene, un profesor de psicología cognitiva experimental del Collége de France y director del laboratorio UNICOG, considerado el pionero de la investigación de las bases cerebrales de las operaciones matemáticas (es autor del libro La Bosse des Maths). Recientemente, Dehaene ha publicado además una obra titulada Les neurones de la lecture;.
Las investigaciones de Dehaene han incrementado los conocimientos sobre los procesos cerebrales que subyacen al procesamiento de los números y del habla. Utilizando técnicas de exploración por imágenes, ha observado lo que sucede en distintas partes del cerebro mientras soluciona problemas cognitivos complejos.
Estas técnicas demostraron en una investigación anterior que las cifras aproximadas se procesan en una región cerebral distinta a la utilizada para los cálculos de cifras exactas. En La Bosse des Maths, Dehaene demostró además que los niños poseen un conocimiento intuitivo de los números, lo que no ocurre en el caso de la lectura.
El ser humano no está “predestinado” a leer, dice Dehaene comentando su nueva investigación. Y es que la escritura fue creada por los babilonios hace tan sólo 5.400 años y el alfabeto apareció hace 3.800. Es poco tiempo en comparación con la historia de la evolución y la aparición del homo sapiens, hace 30.000 años.
Cómo leemos
El cerebro humano posee un patrimonio genético predefinido y es flexible o elástico sólo en cierta medida, según han demostrado los experimentos de Dehaene con imágenes de resonancia magnética funcional para el registro de la actividad cerebral. El cerebro no ha tenido tiempo suficiente para evolucionar bajo la presión de las exigencias de la escritura, sino que ha sido la escritura la que ha evolucionado en función de las exigencias del cerebro, asegura el autor.
El cerebro trata la escritura y descifra sus mensajes para darles sentido gracias al trabajo conjunto de la retina del ojo y el cerebro. En primer lugar, un área central de la retina, denominada fóvea, recibe la información visual. La fóvea sólo capta un campo visual de 15 grados. Al ser muy estrecha, la del ojo humano tiene un diámetro aproximado de 0,5 milímetros, no somos capaces de reconocer más que entre siete y nueve letras a la vez. Cada porción de imagen es reconocida por un fotorreceptor distinto.
Por otro lado, y a pesar de que no somos conscientes de esto, leemos en sacadas, que son movimientos rápidos del ojo con los que detectamos las partes relevantes de cualquier escena, lo que nos permite construir un mapa mental referente a ella.
En el ojo humano, una razón para la existencia de las sacadas es que sólo la fóvea tiene una alta concentración de células fotorreceptoras sensibles al color, las llamadas conos. El resto de la retina está tapizado básicamente por bastoncillos, que son células fotosensibles monocromáticas, especialmente buenas en la detección del movimiento. Por esto, la fóvea es la parte de la retina encargada de la visión en alta resolución. En cuanto al tamaño de los caracteres de la lectura, señala Dehaene, el cerebro adapta a este tamaño la distancia percibida por el ojo.
Límite de velocidad y dislexia
La lectura es, en definitiva, una sucesión de comprensiones del texto, que es aprehendido casi palabra por palabra. Por más que mejoremos nuestra capacidad de leer rápido, nunca podremos superar cierto ritmo sin perder información o palabras. Como media, los buenos lectores leen entre 400 y 500 palabras por minuto, pero la fóvea difícilmente permitirá que este límite se exceda, informa Canal Académie.
La imaginería de resonancia magnética funcional del cerebro ha demostrado que en el aprendizaje de la lectura juega un importante papel la región del lóbulo occipito-temporal izquierdo, situado hacia la parte trasera de la cabeza, detrás de la oreja izquierda. Todas las personas estudiadas por Dehaene mostraron una activación en esta misma región cerebral durante la lectura, incluso en el caso de aquellas que leían en árabe o hebreo (idiomas que se leen de derecha a izquierda).
Entre los problemas relacionados con la lectura destaca el de la dislexia, un trastorno que imposibilita para leer correctamente. A esta enfermedad dedica Dehaene un capítulo entero en Les neurones de la lecture, definiéndola como “una dificultad desproporcionada de aprendizaje de la lectura que no puede explicarse ni por un retraso mental, ni por un déficit señorial ni por un entorno social o familiar favorecido”. La dislexia puede ser originada por una desorganización anatómica del lóbulo temporal y por una alteración de sus conexiones.
Complejidad cerebral
La revista Automates Intelligentes publica que Les neurones de la lecture es una obra que se enmarca en un vasto trabajo de exploración de las bases neuronales de las actividades culturales del espíritu humano llevado a cabo por Stanilsas Dehaene. El libro comprende un gran número de investigaciones de laboratorio consagradas al estudio de la lectura en todas sus formas.
Asimismo, muestra con gran lujo de detalles e ilustraciones la enorme complejidad de los procesos cerebrales subyacentes a una actividad aparentemente sencilla como es leer, procesos que nos permiten darle sentido a las imágenes que recoge la retina.
La obra analiza cómo el cerebro del lector, con una velocidad sorprendente, puede pasar de la identificación visual de las letras (grafemas) a los sonidos asociados a éstas (fonemas) y a su significación. Por otro lado, estudia las similitudes que presentan las diversas formas de escritura –contemporáneas o antiguas- mostrando que éstas poseen funcionalidades neuronales idénticas.
Dehaene escribe en la introducción de su libro que en los últimos 20 años ha nacido una verdadera ciencia de la lectura, situada en la frontera entre la psicología y la medicina. Según él, la neurociencia debe ahora tomar una nueva dirección: la cuestión del inconsciente.
Tú puedes ser Newton
FUENTE: elpais.com
Marina de las Parras aparece en el estrado caracterizada como Newton, junto a varios compañeros vestidos con batas blancas. Vienen a presentar sus investigaciones sobre el comportamiento de la luz. Hace unos meses cayó una tormenta en Majadahonda (Madrid) y después salió un arco iris espléndido. “¿De dónde vienen los colores del arco iris si la luz del sol es blanca?”, se preguntaba la clase de 5º del colegio público Rosalía de Castro. Su tutor, Gustavo Trébol, recogió esta inquietud y siguió paso a paso el método científico: hipótesis, demostración empírica, análisis y conclusiones. Al final recordó a sus alumnos que un científico llamado Newton tuvo esa misma curiosidad hace nada más y nada menos que 350 años.
Esta tarde, los colegios madrileños Rosalía de Castro, Jorge Guillén y Fontarrón hablan con desparpajo de magnetismo, óptica, refracción, colores primarios aditivos, moléculas… Están demostrando sus conocimientos en una especie de cumbre científica escolar que reúne a investigadores, docentes y alumnos participantes en El CSIC en la escuela, un programa de la Fundación BBVA y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas para fomentar la enseñanza de la ciencia en las primeras etapas educativas, de tres a 12 años. Se desarrolla en más de 300 centros escolares de ocho comunidades autónomas. Con ello, los científicos forman a los maestros para enseñarlos a enseñar; los maestros ofrecen a los niños herramientas para que aprendan a pensar. “Es más eficaz enfocar los problemas con una mirada científica, independientemente de la carrera que luego se elija”, asegura Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA. Mediante la curiosidad, la investigación, la observación, la experimentación. “Queremos retomar la tradición de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) de principios del siglo XX”, agrega el vicepresidente del CSIC, José Manuel Fernández de Labastida. Esa “proyección social de la ciencia es alfabetización científica de la sociedad”, añade. Un modelo cortado de cuajo por la Guerra Civil española y prácticamente desaparecido en las aulas ahora. “El sistema no ayuda, está claro y te lo dice cualquiera, hasta el Informe PISA [donde España quedó en un mediocre puesto intermedio en la prueba de conocimiento científico]. Pero los profesores son maravillosos”, enfatiza María José Gómez, coordinadora de El CSIC en la escuela y una de las científicas formadoras de Gustavo Trébol. “¿Que cómo no se debe enseñar nunca ciencias en el aula? Dentro del aula”, se contesta un profesor antes de la intervención de sus alumnos del Rosalía de Castro. Y aclara: “Los chavales se interesan por cosas que están en su medio, no en la clase”. A veces basta con salir al patio y ver, por ejemplo, cómo la sombra va cambiando según la hora del día.
A su lado, Marina, buena lectora, excelente estudiante de mirada despierta, con su levita roja newtoniana, no entiende de disquisiciones. Para ella, la manera de enseñar de su tutor “mola”. Porque no abre el libro de texto por la página que toca, explica y manda los ejercicios para el día siguiente, sino que invita a descubrir a partir de la curiosidad, algo inagotable a sus 10 años. “Se me quedan mejor las cosas, porque veo cómo funcionan”, admite esta niña que aún no sabe si hará carrera de ciencias o de letras (se le dan bien ambas ramas). Pero ya tiene claro que de esta manera le gusta aprender. Ha diseccionado calamares, ha dado la vuelta a varias plantas para ver qué hacen sus raíces… “El próximo día veré si las judías blancas germinadas en algodón han sido capaces de romper una película de yeso”, describe.
El acto de El CSIC en la escuela, celebrado en la Fundación BBVA, termina con una mesa redonda en la que los maestros demandan este tipo de formación científica. “Para enseñar algo hay que saberlo primero, y yo aprobé física y químicas porque me aprendí de memoria los problemas… ¿Qué podía aportar a mis alumnos? Hasta que llegaron las misiones pedagógicas del CSIC”, reconoce Rosa Martínez, maestra de infantil y directora del Fontarrón. Ella explica su experiencia personal y vital: “Tengo un nieto de seis meses que es todo un científico. Toca cualquier objeto, se lo lleva a la boca, lo mira, lo investiga. A los niños les encanta observar, experimentar, manipular. ¡Y cómo los machacamos en el cole!” concluye.
Resuelven un problema matemático planteado hace cuatro décadas
FUENTE: elmundo.es
Un israelí de origen ruso ha resuelto un problema matemático que estaba pendiente de solución desde que se planteó hace casi cuarenta años.
Según informó hoy el diario Jerusalem Post, el autor del hallazgo es Avraham Trakhtman, de 63 años, que emigró en los 70 a Israel desde la región de los Urales.
Con sólo su cerebro, un lápiz y un papel, el emigrante ha resuelto el ‘Problema de la Ruta Coloreada’ (Road Coloring Problem), que permanecía sin solución desde que lo planteó en 1970 un equipo de matemáticos dirigido por el profesor Binyamin Weis.
Aunque tiene varias versiones, la formulación más simple del problema es la siguiente: ¿Como alguien que llega por primera vez a una ciudad cuyas calles no tienen nombre puede encontrar una casa con indicaciones de “ahora a la izquierda, ahora a la derecha”?.
La respuesta de Trakhtman a ese enigma será publicada próximamente por el Diario Israelí de Matemáticas pero ya ha comenzado a circular entre los medios especializados.
Uno de quienes ya la conocen es el matemático Stuart Margolis, profesor de la Universidad Bar Ilan, que calificó la solución de “brillante, producto de un cerebro privilegiado”, y destacó que su autor tiene un carácter “extremadamente tímido y modesto”.
Jóvenes europeos registran en Internet las llegadas de las aves migratorias
FUENTE: elmundo.es
¿Has visto ya tu primer vencejo, golondrina o cigüeña este año?, ¿has oído cantar al cuco? Ahora puedes compartir, a través de Internet, la llegada de la primavera con jóvenes de toda Europa. Un fácil sistema permite a los participantes incorporar sus primeras observaciones del paso de las aves de este año.
Spring Alive de BirdLife International, es una actividad en la que pueden tomar parte los niños y jóvenes de toda Europa. Participar es muy fácil. Sólo tienes que entrar en www.spingalive.net sobre las cuatro especies – cuco común, vencejo común, golondrina común y cigüeña blanca – que hemos elegido para darles la bienvenida.
Sal al campo, busca estas aves y cuando veas alguna de ellas, registra tus observaciones on line. Tendrás la oportunidad de seguir la llegada de estas aves por toda Europa y celebrar así la llegada de la primavera.
El objetivo del proyecto Spring Alive, que el pasado año 2007 recogió 16.000 observaciones, es recopilar datos sobre cómo las aves migratorias regresan a Europa.
Unas simples observaciones hechas por un numeroso grupo de personas son una gran fuente de información sobre como migran las aves y cuales son los cambios y peculiaridades de sus viajes cada año.
En el transcurso de algunos años, el proyecto y el análisis de los datos basados en él permitirán revelar las tendencias y cambios sobre las fechas de llegada, y mostrar la conexión entre los cambios anuales de estas llegadas y el cambio climático.