Archivo diario: 16/01/2008

Don Juan Carlos reclama una «apuesta decidida» por la ciencia

FUENTE: fys.es

Su Majestad el Rey ensalzó ayer el avance «cualitativo y cuantitativo» de España hacia la «vanguardia del conocimiento científico», y propuso ahondar en la transferencia de los resultados de la investigación al sistema productivo «para estimular a las empresas a que la innovación sea la base de su competitividad».
En la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales de Investigación 2007, que presidió junto a la Reina Doña Sofía, acompañados de la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, Don Juan Carlos reclamó una «apuesta decidida» por la ciencia y la tecnología para promover «no sólo la calidad de la investigación y el nivel académico de los centros y universidades, sino también el crecimiento económico y el bienestar social del conjunto de la nación».
El Rey manifestó que el esfuerzo y la dedicación de los investigadores «refuerza la posición de la ciencia española en la comunidad internacional, con una producción científica por encima del peso económico de nuestro país en el mundo».
Los galardones correspondientes a 2007, que concede el Ministerio de Educación y Ciencia y que fueron entregados ayer en el Palacio Real, en Madrid, reconocen la labor de los investigadores Ignacio Cirac, en el campo de las Ciencias Físicas, de los Materiales y de la Tierra; Luis Oro, en Ciencia y Tecnología Químicas; Carlos Duarte, en Ciencias y Tecnologías de los Recursos Naturales; Enrique Zuazua, en Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, y Daniel Ramón, en Transferencia de Tecnología.

La hispalense participa con un sistema de posicionamiento solar en el primer satélite íntegramente español.

FUENTE: fys.es

El Grupo de Tecnología Electrónica de la E.T.S. de Ingenieros de la Universidad de Sevilla está participando en el primer satélite completamente español con un sistema de posicionamiento que tiene en cuenta la incidencia de los rayos del sol. Este microsistema, patente de la Hispalense, está integrado por un pequeño sensor que mide el ángulo de incidencia de la luz. De este modo, el dispositivo determina la posición exacta del satélite a partir del sol, aunque también se definen los parámetros de situación gracias al campo magnético de la Tierra.
El satélite se destinará a la observación y toma de fotografías de la Tierra, ya que nuestro país aún no posee ningún dispositivo de estas características en el espacio. Por ello el catedrático y responsable del grupo, José Manuel Quero Reboul, subraya la importancia de que este sistema «especifique con exactitud la situación del satélite para la toma de fotografías».
Uno de los objetivos del grupo pasa por «reducir cada vez más las dimensiones y el coste del sistema, hasta poder incluirlo en los llamados «picosatélites», es decir, satélites de poco más de 20 kilos que se puedan enviar al espacio desde España, sin tener que recurrir a plataformas de lanzamientos internacionales», explica Quero Reboul.
El grupo de la Hispalense tiene una enorme experiencia en la aplicación de estos sistemas en paneles fotovoltaicos y heliostatos, por lo que pretenden aplicar estos conocimientos a la industria satelital en lo que sería «un salto de calidad, debido al alto grado de exigencia que comportan los satélites», indica el profesor de la Hispalense. Asimismo, otro de los objetivos sería la creación de una spin-off para el desarrollo y la comercialización de estos dispositivos.
A raíz de estos trabajos, el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) se interesó en este microsistema para instalarlo en su satélite Nanosat 1B. En este sentido, la empresa aeroespacial mantiene una precisión 10 grados en el sistema de posicionamiento, mientras que el dispositivo de la Hispalense les garantiza un error de menos de un grado. Este satélite se lanzará en octubre de 2008.
En relación con este proyecto, el grupo realizará las primeras pruebas funcionales este mes de enero en unos laboratorios del INTA, para después hacer exámenes de radiación en el Centro Nacional de Aceleradores de la Hispalense. También se harán pruebas de choque tanto técnicas como mecánicas, con objeto de cumplir los requisitos necesarios para soportar las condiciones presentes en el espacio.

«Imitar a las hormigas hace el trabajo más eficaz»

FUENTE: larazon.es

Director del Instituto de Inteligencia Artificial (IA) en la Universidad Libre de Bruselas, Marco Dorigo logra, con su lenguaje cercano, transmitir sus conocimientos sobre una de las ramas de la ciencia más complicadas de traducir al mundo real. El desarrollo de bioalgoritmos es quizá la rama de la IA que más aplicaciones produce, y probablemente veremos una explosión en los próximos años.
Cajastur, que ha ortorgado a Dorigo el primer Premio Internacional en Soft Computing, patrocina en la Universidad de Oviedo el Centro Europeo de la especialidad, único en su género en nuestro país y que ya trabaja en técnicas de identificación forense y líneas de ensamblaje en fábricas de automoción con IA.
-¿Qué es un bioalgoritmo?
-Se trata de observar el comportamiento de la naturaleza e intentar imitarlo en los ordenadores para luego aplicarlo a la vida real. En mi campo de trabajo, los biólogos registran los movimientos de los individuos de un hormiguero, que luego se traducen al lenguaje «soft computing», una aplicación práctica de la Inteligencia Artificial.
-¿Por qué enjambres y hormigas?
-Los insectos sociales son considerados superorganismos, en los que cada individuo es simple y poco inteligente, pero que en conjunto resultan muy eficaces. Comprende avispas, abejas y hormigas. Son fascinantes por su capacidad de organización basada en un lenguaje muy simple: el rastro de feromonas. Determinan el camino más corto y eficiente al alimento en poco tiempo, que luego seguirán todas las obreras de la colonia, además de que forman puentes con sus propios cuerpos y transportan objetos vouminosos en cooperación sin que nadie les haya enseñado a hacerlo.
-Son exitosas como especie…
-Todas las especies son exitosas, por eso están aquí, pero algunas, por su resistencia, su especialización y su organización social, proliferan más que otras. Por cada ser humano sobre la Tierra, hay al menos ocho centenares de estos seres, que forman colonias de entre unos pocos miles y medio millón. Nosotros somos muy complejos individualmente, y ellos, de forma colectiva.
-¿Qué nos enseña eso?
-Métodos más eficientes para resolver problemas del mundo real. Ahora trabajamos también en la optimización de lógica de robots.
-Trabaja en un área de la informática nueva y desconocida…
-Se llama «soft computing» (computación suave), una rama de la IA que dotará a las máquinas de sorprendentes funciones, aunque estamos dando los primeros pasos.
-Póngame un ejemplo.
-El algoritmo de Google, que es como la fórmula de la Coca-Cola a nivel de informática, está diseñado con IA. Nosotros ayudamos a desarrollar herramientas útiles para grandes compañías de logística y distribución, cadenas de montaje y empresas con muchos empleados moviéndose continuamente.
-¿Qué empresas?
-UPS, multinacional de paquetería, ha mejorado su logística gracias a los bioalgoritmos de hormigas.
-¿Qué hay de los robots?
-Sabemos que, tarde o temprano, vendrán y se quedarán con nosotros. El problema es que desarrollar robots humanoides es caro y complicado. Investigamos un tipo de robot colaborativo que funcione en grupos, más pequeño y sencillo, pero que, de forma coordinada, pueda desarrollar tareas complejas.

Sistemas para entender cómo se comportan los grupos

FUENTE: elpais.com

Hay un tipo de problema que a los políticos, a los expertos en mercadotecnia y a los economistas, entre otros, les encantaría tener bajo control: predecir el comportamiento colectivo de un grupo integrado por muchos individuos. Y los investigadores cuentan ahora con nuevas matemáticas nacidas específicamente para abordar esto. Son producto de recientes desarrollos del matemático francés Pierre Louis Lions, que intervino en unas jornadas del instituto IMDEA Matemáticas, en Madrid.
“Es un área muy nueva, tenemos resultados de hace sólo meses o semanas, y estoy emocionado. Estamos usando muchas matemáticas nuevas”, dice Lions, que trabaja con un colega matemático y banquero. Los problemas que trata son aquellos en que cada miembro de un grupo muy numeroso decide por sí mismo, pero lo hace influenciado por las decisiones de todos los demás miembros; además, nadie conoce las decisiones individuales de nadie, sólo el resultado medio de todas las decisiones juntas -el comportamiento colectivo resultante-, como los inversores en Bolsa.
Estos sistemas se comportan de modo difícil de prever. Por ejemplo, incluso cuando todos los miembros del grupo coinciden en el objetivo, el resultado puede ser muy distinto al deseado. Algunas muestras: en vacaciones todo el mundo quiere irse a un sitio tranquilo, y como consecuencia el sitio tranquilo en cuestión se masifica. O en una Operación Salida, todo el mundo sale temprano y el atasco se forma sólo a las siete de la mañana.
Otra aplicación es tratar de explicar la proporción entre ricos y pobres en las sociedades desarrolladas, que sigue una curva “sorprendentemente parecida” en todos los países; “los economistas se preguntan por qué es tan igual”, dice Lions. No es sólo que haya pocos ricos en la cúspide de la pirámide y muchos pobres debajo. La curva describe también “lo que hay en medio, con una precisión muy alta”, explica. Si se logra entender por qué surge esa curva, ¿pueden las matemáticas ayudar a cambiarla? “Las matemáticas son neutrales, son una herramienta. Pero si sabes qué hace que la curva sea como es, sabes también dónde actuar para cambiarla”, explica este matemático.
Esta área de las matemáticas se llama teoría de juegos de campo medio y se inspira en conceptos clásicos, como la física estadística. Pero en estadística las partes no toman decisiones individuales, mientras que los individuos de los sistemas que estudia Lions sí lo hacen.

Comienza la década de la Luna

FUENTE: elpais.com

Hace ya años que el destino estrella de las misiones espaciales es Marte, pero la próxima década promete ser la de la Luna. Cada vez más grupos, sobre todo en Estados Unidos, aunque también en otros países, trabajan para hacer frente a los retos que supone la vuelta a la Luna prometida por George W. Bush para 2020. Establecer allí una base semipermanente no mucho tiempo después es un objetivo que los expertos consideran factible al menos desde el punto de vista tecnológico, lo que no significa que no queden muchos problemas por resolver. “Sí que es posible construir una base lunar de aquí a 2020″, dice por correo electrónico Goro Komatsu, planetólogo en la Universidad d’Annunzio (Italia). “La fecha depende de la decisión política de Estados Unidos, Europa, Rusia o Japón, o de China e India, que pueden cambiar el panorama de la exploración lunar. Pero la capacidad la tenemos, sin duda”. También Ignasi Casanova, de la Universidad Politécnica de Cataluña, cree que “la mayoría de las tecnologías necesarias ya están disponibles”.
La Luna, según la Estrategia de Exploración Global de la NASA, no sólo es el entrenamiento para ir a Marte, sino también una zona lógica de expansión para la economía terrestre. Rosario Lunar, geóloga de la Universidad Complutense de Madrid, defiende que para seguir creciendo será necesario a largo plazo recurrir a recursos “del espacio próximo a la Tierra”. Un ejemplo es el gas helio 3, útil como combustible de un hipotético reactor de fusión nuclear y del que podrían obtenerse miles de toneladas en la Luna. “Los recursos lunares [DE HELIO]serían suficientes para el abastecimiento de energía eléctrica a la Tierra durante más de 1.000 años”, explica Lunar.
Pero falta mucho para eso. Primero hay que volver a la Luna (el último viaje tripulado fue en 1972). Los planes de la NASA incluyen enviar allí misiones con cuatro astronautas durante una semana a partir de 2020. Cuando estuvieran listos “los sistemas de suministro de energía, los vehículos y los módulos vivienda”, las estancias se prolongarían hasta seis meses, con el objetivo último de “aprender a usar los recursos naturales de la Luna para ser autosuficientes”. Enviar suministros desde la Tierra cuesta demasiado. Oxígeno, agua, energía -un problema, en un sitio en que la noche dura dos semanas terrestres-, materiales de construcción, comida… En el futuro todo deberá darlo la propia Luna.
Pero un obstáculo más urgente es cómo proteger a los astronautas de la radiación de alta energía que llega al suelo lunar. En esto trabaja el grupo de Casanova, que ha desarrollado un modelo para simular la interacción entre radiación y materia. Con él predicen la radiación que recibiría un astronauta en función del tiempo de exposición, y concluyen que será “absolutamente necesario un sistema de alerta de erupciones solares” -los fenómenos en que el Sol emite más radiación-.
Además, Casanova estudia en los datos de la sonda Smart 1, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), qué recursos hay en la Luna y dónde están. Otra de sus líneas es la obtención de materiales de construcción a partir de vidrios lunares, un tipo de compuestos exclusivos de la Luna. Ambas áreas de trabajo son importantes si se quiere hacer una base, lo mismo, dice Casanova, que el desarrollo de materiales ligeros que protejan de la radiación, y de sistemas robóticos fiables a temperaturas muy bajas. En la Luna la temperatura puede subir a más de 100 grados centígrados y bajar a 150 grados bajo cero.
Las temperaturas extremas y la duración de la noche lunar son factores clave para decidir dónde se pone la base. Será seguramente en el Polo Sur. En los polos las temperaturas son más suaves, y en la última conferencia del Grupo Internacional de Trabajo sobre Exploración Lunar, en octubre pasado, se anunció el hallazgo en los datos de Smart 1 de un punto en el polo Sur, en el borde del cráter Shackleton, que está siempre iluminado durante el verano lunar. Muy útil para proporcionar energía solar a la base, aunque expertos como Wolfgang Seboldt, de la Agencia Espacial Alemana DLR, aseguran que para estancias largas y para desplazarse por la Luna harán falta también reactores nucleares.
Menos claro está el que haya agua helada en los cráteres de los polos, como sugirieron hace años los datos de algunas sondas. Los radares desde tierra indican más bien que no hay, así que habría que obtenerla a partir de oxígeno e hidrógeno del suelo lunar. Aún no se sabe cómo de abundante es el hidrógeno, pero el regolito (la blanda superficie) está compuesto en más de un 40% por oxígeno. El procedimiento para extraerlo se ensaya desde hace décadas y “funciona en el laboratorio”, dice Seboldt, que investiga en este campo, “pero aún no a las escalas que serían necesarias, unas 50 o 100 toneladas por año”. Ese oxígeno podría usarse también para fabricar combustible, aunque hay varios métodos aún en ensayo y, según Komatsu, aún no se sabe cuál usar.
Respecto al hábitat, es posible que sean estructuras inflables -de bajo peso y fáciles de montar- enterradas bajo el regolito, como protección ante la radiación. La NASA ensayará este año una estructura inflable en la base estadounidense en la Antártida.
En los próximos años habrá muchos más datos para trabajar, proporcionados por las misiones ahora en órbita de la Luna -la japonesa Selene, la china Chang’e- y las que vendrán muy pronto: la india Chandrayaan-1, en abril, en colaboración con la ESA; Lunar Reconnaissance Orbiter, de la NASA, para octubre de 2008 (para identificar el mejor lugar para la base); y Lunar Crater Observation and Sensing Satellite, también de la NASA, en 2009 (para investigar si hay agua en el Polo Sur).

Descubren el cráneo fosilizado de un roedor prehistórico gigante que pesaba una tonelada

FUENTE: elmundo.es

¿Se imaginan un roedor de una tonelada de peso? Aunque se extinguió hace entre dos y cuatro millones de años, ha dejado sus restos fósiles en el actual continente Suramericano.
El hallazgo de un cráneo excepcionalmente bien conservado ha permitido a los paleontólogos y físicos uruguayos describir como era este gigante de los ratones del Plioceno-Pleisctoceno que llegaba a pesar unos 1.000 kilos.
El roedor ha recibido el nombre de ‘Josephoartigasia monesi’ y pertenece a la familia de ‘Dinomydae’, del grupo de los roedores gigantes extintos, de los que no quedan más que dos especies mucho más pequeñas: la capibara, presente en casi todo el continente, de aproximadamente 60 kilogramos y la pacarana, con un máximo de 15 kilogramos. La investigación se publica hoy en ‘Proceedings of the Royal Society’.
El orden de los roedores es el grupo más abundante de los mamíferos vivos con casi el 40% de las especies conocidas. Sin embargo, a excepción de los dos mencionados, su peso no suele superar el kilogramo y su tamaño se mide en centímetros.
Por tanto, la comparación ha dejado sorprendidos a los científicos, que hasta ahora tenían constancia de otro roedor gigante, el ‘Phoberomys’, pero que no superaba los 200 kilogramos de peso.
El hallazgo de los restos fósiles del cráneo, de más de medio metro de longitud, ha tenido lugar en San José, Uruguay, en lo que fue un ecosistema de estuario y delta con comunidades boscosas.
Hasta el momento, las descripciones de los grandes roedores suramericanos era muy compleja puesto que los materiales fósiles estaban muy deteriorados y dispersos. Normalmente se hallaban dientes sueltos y fracciones de las mandíbulas.
Pero en el caso del ‘Josephoartigasia monesi’, se han encontrado prácticamente casi intactas ambas mandíbulas y todas las cavidades craneales, a partir de las cuales se ha podido determinar el tamaño y el peso del roedor.
Al igual que en todos los casos de roedores gigantes, todos los dientes que muelen son relativamente pequeños en comparación con el cráneo.
Algo parecido pasa con los agujeros de las cavidades ópticas, que son extremadamente reducidos para el tamaño del cráneo. También ocurre algo similar con los orificios auditivos que son más pequeños de lo que se pensaba para las gigantescas dimensiones de este roedor.
Los autores de la investigación, Andrés Rinderknecht, de la Facultad de Ingeniería de Montevideo y Ernesto Blanco, del Museo Nacional de Historia Natural y Antropología de Uruguay, consideran que los pequeños dientes molares del roedor gigante no indican que fuera un gran masticador, y que probablemente tuviera una dieta diferente a la de otros roedores que incluyera más alimentos vegetales.
El estudio se decanta por una dieta compuesta básicamente de plantas acuáticas, ya que el hábitat que ocupaban estos ratones gigantes eran los estuarios y los deltas, cubiertos de bosques en sus orillas. La fauna asociada al ‘Josephoartigasia monesi’, incluye otros roedores, grandes felinos, aves carnívoras gigantes y grandes ungulados.
fue de 1.221 kilogramos con una desviación estándar de 753 kilogramos, afirma el estudio.
Entre las conclusiones de la investigación se señala que el roedor gigante se puede considerar en la segunda gama de tamaño de los grandes mamíferos del Plioceno-Pleistoceno, justo detrás de los grandes marsupiales.

Europa gasta cientos de millones para frenar las plagas invasivas por el cultivo de biocombustibles

FUENTE: nortecastilla.es

El cultivo de biocombustibles favorecen las especies invasoras exóticas en la Unión Europea y suponen un coste de cientos de millones de euros al año, según advirtió ayer el director de Protección del Medio Natural de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, Ladislav Miko, durante la inauguración en Madrid de una Conferencia Europea sobre estas especies.
«Los biocombustibles favorecen la introducción de especies exóticas invasoras», dijo en medio del debate suscitado entre los países miembro en torno a esta alternativa energética a los combustibles fósiles. Una opción que se introduce en el paquete de medidas que la Comisión Europea presentará la próxima semana para repartir el esfuerzo de reducción del 20% de emisiones de CO2 en el 2020 e incrementar hasta el mismo porcentaje las renovables.
La ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona precisó que los cambios en el uso del suelo, desde el agricultura convencional a los biocombustibles, pueden significar la presencia de semillas o especies que antes no se producían. «Estamos convencidos de que cabe introducir esos criterios exigentes que eviten que la producción de biocombustibles se convierta en un problema ambiental», dijo Narbona.

La mente de un mono mueve un robot

FUENTE: abc.es

Científicos de la Universidad estadounidense de Duke han conseguido que un macaco Rhesus logre mover con sus señales cerebrales a un robot a miles de kilómetros de distancia. Concretamente, desde Carolina del Norte (Estados Unidos) hasta Kioto (Japón).
Puede casi parecer ciencia ficción, pero para muchos seres humanos que no pueden servirse de sus extremidades es una sólida baza para teñir de esperanza lo oscuro de su futuro, la posibilidad de mover un miembro con la única ayuda de su pensamiento. Al igual que la mona Idoya, que así se llama el macaco.
El experimento, dirigido por el físico brasileño Miguel Nicolelis, consistió en entrenar durante dos meses a Idoya para caminar erguida sobre una cinta andadora, obteniendo recompensas en forma de pasas o cereales cada vez que lograba caminar a distintas velocidades sobre la cinta. Mientras Idoya caminaba, unos electrodos situados en la corteza motora de su cerebro registraban la actividad de entre 250 y 300 neuronas. Algunas se activaban al mover la rodilla, otras con el tobillo… y otras más se iluminaban en el panel de los científicos anticipando algún movimiento del primate.
Vídeos de la mona caminando, que recogían los movimientos precisos de sus piernas y los datos de su cerebro, se combinaron traduciéndolos después a un código informático. A partir de ahí, entran en juego al otro lado del Océano Pacífico los Laboratorios ATM de Neurociencia Computacional de Kioto. El robot CB -1,52 de estatura y 92 kilos de peso-, capaz de imitar casi a la perfección la motricidad humana al andar, bailar o incluso al «sentir» distintos tipos de suelo, ya que también dispone de sensores en sus pies, fue el encargado de recibir las órdenes emitidas desde la Universidad de Duke por el cerebro de Idoya.
Al mismo paso que el macaco
El objetivo era hacer que el robot caminase al mismo paso que el primate, y casi simultáneamente gracias a los datos enviados por una conexión de internet de alta velocidad.
Durante la prueba se dispuso una pantalla de vídeo ante la cinta andadora de Idoya, que recibía una dulce recompensa siempre que conseguía que el robot se sincronizara con su propia marcha. Cuando el macaco comenzó a andar, el robot hizo lo mismo. «¡Camina! -exhortó Nicolelis, según confesaría luego al «New York Times»-, se trata de un pequeño paso para un robot, pero es un gran salto para un mono».
Sin embargo, el descubrimiento más relevante llegó una hora después de comenzar a sincronizar los pasos de Idoya y del robot CB. Los investigadores detuvieron entonces la cinta andadora del mono y se mantuvieron a la expectativa. Albricias. «Sus ojos seguían enfocados como locos en las piernas de CB», dijo el físico. El robot andaba todavía y la mona tuvo una generosa ración extra de pasas.
Lo relevante no ha sido descubrir que en el cerebro de Idoya hay neuronas que controlan sus piernas, ya se sabía, sino que otras neuronas son capaces de controlar los movimientos del robot. Estas últimas se habían «compenetrado» con las piernas de la máquina tras una hora de práctica y respuesta visual, haciéndola caminar.
El doctor Nicolelis y su equipo esperan en un futuro próximo microestimular también neuronas relacionadas con el sentido del tacto, por lo que estos primates podrán sentir tal vez cómo el robot pisa el suelo.
Para aplicar al ser humano estos hallazgos todavía es pronto, aunque los científicos planean demostrar a finales de año que un ser humano puede manejar un exoesqueleto con sólo sus pensamientos -el cerebro mueve la máquina-, lo que un colaborador de Nicolelis, el doctor Manoel Teixeira, ha reconocido como «ciencia ficción cobrando vida».