Archivo diario: 14/10/2007

Charla-coloquio sobre puntos tecnológicos del programa del PSOE

FUENTE: Asociación de Ciencia y Tecnología “Hespérides”

Como ya informamos anteriormente por diversos medios, nuestra asociación organizó una charla con la concejal de Cultura, María Reparaz, para que nos contara, a todas las personas interesadas, sobre qué habían hecho y qué iban a hacer sobre los puntos que calificamos de tecnológicos de su programa electoral. Esta charla-coloquio la celebramos ayer sábado 13 en el Centro Cultural de El Espinar.
Sobre la red wifi y el acceso a Internet nos contó que pretendían ir instalando puntos por sitios del municipio en los que era problable que la gente los utilizara, en lugar de una instalación que englobara a los núcleos de población. Nos dijo que en breve se instalarían algunos puntos de acceso a internet. El problema principal de acceso a internet lo tiene La Estación, ya que por lo visto no llega el servicio ADSL. En Los Ángeles hay acceso limitado, llegando a parte del núcleo urbano, pero no a su totalidad.
Sobre la red wifi, los que estábamos allí presentes expusimos varios temas: Desde la preocupación a la proliferación de antenas wifi, hasta que cada uno de nosotros nos hicieramos socios de la comunidad FON, o de si era interesante para la hostelería el ofrecer este acceso a Internet a través de wifi para sus clientes.
Se habló sobre el famoso repetidor de la Sexta, y de la TDT (televisión digital terrestre). La concejal nso informó que en breve se iba a firmar un contrato para poder ver la Sexta en nuestro muncipio (la señal de esta cadena llega a Los Ángeles, pero no al resto) mediante una serie de equipos que la distribuirían por el municipio. Parece ser que en un mes o así, desde la firma del contrato la podremos ver. Y la TDT, que para el 2010 va a ser la única televisión que podamos ver ya que llegará el “apagón analógico”, nos informó que nuestro municipio está encuadrado en la fase que ha de tener implantada esta tecnología a finales del año que viene. Estos puntos no los llevaban en el programa electoral.
Para terminar con el espectro radioeléctrico, lo que sí llevan es la emisora de radio municipal. Nos informó que próximamente la van a poner en marcha, ya que se cuenta con el equipo necesario y existe una frecuencia asignada para poder emitir. El problema más grave es de personal, que han de elegir el modelo de entre varias opciones.
Sobre el parque tecnológico nos dijo que la idea que tienen es seleccionar un poco más el tipo de empresa que se instale en nuestro municipio, para que puedan ofertar puestos de trabajo a un mayor abanico de personas, como las que por estudios estén más cualificadas, y no tengan que salir fuera del municipio ya que aquí no hay trabajo para ellas.
Se habló de algunos aspectos medioambientales, como los hogares verdes, las modernizaciones del pantano y de la depuradora de aguas (y de algunas depuradoras que aún debiendo existir no existen), el soterramiento de contenedores de basura por las zonas más céntricas e incluso del funcionamiento del punto límpio. Y en este apartado nos habló de un parque sobre la naturaleza que se pretende implantar en La Panera (nos dijo que ese terreno no es del municipio, sino de algo así como el Sesmo…. perdonadme, pero soy muy malo para la Historia).
Y por último, sobre la modernización del Ayuntamiento, nos hizo hincapié en que quieren implantar un sistema de avisos via SMS de cosas que pueden interesarnos: Actividades que se realicen en el municipio, etc…
Nada más. Estas breves líneas dan idea de las dos horas que estuvimos reunidos.
Por mi parte agradecer a María Reparaz su buena disposición para con nosotros, que lo único que pretendemos es estar informados de los aspectos que sobre ciencia y tecnología ocurran en nuestro municipio.

Un método matemático permite diagnosticar la depresión

FUENTE: tendencias21.net

Las personas con depresión actúan de manera distinta a lo que lo hacen las personas sanas, pero ¿se puede medir esta diferencia de comportamiento? Un equipo de científicos japoneses lo ha conseguido gracias a las matemáticas, según explican en un artículo publicado en la revista Physical Review Letters.
Una colaboración entre físicos y psiquiatras ha dado lugar así a una posible medición objetiva de la depresión, gracias a la aplicación de una relación matemática conocida como distribución power-law.
La distribución power-law, que ha sido observada en fenómenos tan diversos como las magnitudes de los terremotos, el tamaño de las fortunas personales o el número de visitas a una página web, no había sido sin embargo sido aplicada nunca al campo de la medicina.
Medición del movimiento
Yoshiharu Yamamoto, de la universidad de Tokio, y sus colegas de investigación, señalan que los movimientos de las personas con depresión clínica diagnosticada pueden ser descritos por este tipo de relación matemática, y que sus resultados difieren de las mismas mediciones realizadas a gente sana.
La mitad de las personas sometidas al estudio no sufría depresión, mientras que la otra mitad sí. Los datos derivados de sus movimientos fueron recopilados con acelerómetros o dispositivos de medición de la velocidad durante periodos de cinco días.
Estos dispositivos medían la frecuencia con la que los participantes en la prueba cambiaban su ritmo de movimiento, registrando estos cambios cada vez que su aceleración excedía de cierto límite, explica The Economist.com.
Resultados diferentes
Los resultados básicos confirmaron características conocidas en la gente depresiva. El rimo diario normal que suele suponer un número estable de cambios durante las horas del día y un número menor durante la noche era sustituido por despliegues ocasionales de actividad. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando los resultados fueron expresados mediante gráficas.
Las curvas producidas fueron muy diferentes en el caso del comportamiento de las personas sanas con respecto a las depresivas cuando reflejaban los periodos de descanso de ambos durante el día. Los depresivos experimentaban periodos de descanso más largos que los del resto de manera más frecuente, así como más cortos menos frecuentemente que los demás.
Esta diferencia, según los investigadores, convierte al sistema en una herramienta válida de diagnóstico de la depresión, desde un punto de vista no subjetivo. Actualmente, estos diagnósticos dependen a menudo de lo que el propio paciente describe, testimonio que puede no ser fiable.
La aplicación de herramientas y de análisis estadísticos comunes en investigaciones físicas podría así mejorar drásticamente la fiabilidad de los diagnósticos de esta enfermedad, para la aplicación de tratamientos más adecuados y ajustados a la situación de cada paciente.
Las diferencias entre personas depresivas y las personas sanas vienen siendo investigadas desde hace tiempo. Tal como publicamos en un anterior artículo, la estructura del cerebro de las personas con trastorno depresivo es diferente a la de aquellas personas que no sufren esta enfermedad, según un estudio de la Universidad de Texas.
Los genes que influyen en el tamaño del pulvinar y del tálamo, así como en el número de células nerviosas del tálamo, influyen en el desarrollo de este desorden cerebral.
Los orígenes de la depresión han sido objeto de numerosas investigaciones, considerándose que la genética puede tener una relación directa con su aparición. Sin embargo, se considera también que hay otros factores que contribuyen a que se desencadene la enfermedad: posiblemente tensiones en la vida, problemas de familia, trabajo o estudio.
La depresión, que afecta a 450 millones de personas en todo el mundo, es un estado de abatimiento e infelicidad, que puede ser transitorio o permanente. Es uno de los más importantes depredadores de la felicidad humana. Se calcula que alrededor de un 17% de la población está genéticamente predispuesta a desarrollar algún tipo de depresión.

El museo de los horrores

FUENTE: elpais.com

El Museo Nacional de Ciencias Naturales, uno de los más antiguos del mundo y dotado de un plantel excepcional de investigadores, tiene un lado oscuro, muy oscuro. El 99% de sus fondos se apila en malas condiciones en unas naves a las afueras de Madrid. Por primera vez abren sus puertas para denunciar el caos.
El esqueleto de un jabalí de 1768 sale del retrete y se abre paso entre cientos de gigantescos huesos de ballenas apilados en desorden en los lavabos. Las duchas están reservadas para las mandíbulas de otra ballena, los colmillos de un elefante y viejas pieles acartonadas de ginetas y gatos monteses, adornadas con telarañas. En otro almacén, osos, monos, cebras, rinocerontes y miles de aves de todos los rincones del mundo fijan la mirada en los visitantes ocasionales o asoman la cabeza entre cientos de cajas con gestos que, gracias a las magníficas naturalizaciones que se hicieron con ellos, parecen suplicar un destino mejor que estas naves de las afueras de Madrid.
Los expedicionarios, taxidermistas, investigadores o conservadores que los capturaron, disecaron, estudian o cuidan también desearían que se expusieran o conservaran de forma más digna en el museo de ciencias al que pertenecen. En el museo donde, junto a ellos, podrían ver la luz otros miles de tesoros de la naturaleza mundial, desde incunables, mapas e ilustraciones de la literatura científica hasta restos fósiles y colecciones entomológicas únicas por su belleza y valor. En el museo situado en la capital de un país que contiene, y se vanagloria de ello, la mayor biodiversidad de Europa occidental. En las condiciones actuales, estos deseos parecen inalcanzables.
El Museo Nacional de Ciencias Naturales, uno de los más antiguos del mundo, expone menos del 1% de sus fondos, cuantificados en más de nueve millones de ejemplares repartidos entre vertebrados, insectos, moluscos, fósiles, minerales, libros, fotografías e ilustraciones. Imposible exponer este patrimonio en el edificio cercano al madrileño paseo de la Castellana. Ni siquiera otro 1%. Por primera vez, los lectores pueden conocer dónde está el verdadero museo y en qué situación se encuentra. Puertas de naves industriales, de edificios ruinosos, de sótanos, de despachos y de salas con armarios y miles de cajones con millones de muestras se abren y tras ellas salta la belleza, la sorpresa, la indignación.
Viejos edificios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (organismo al que está adscrito el museo) situados en el polígono industrial de Arganda del Rey (Madrid) acogen la parte más voluminosa de los fondos de las exposiciones. “Aquí está gran parte de lo que a la gente le gustaría ver expuesto”, confirma Josefina Barreiro, conservadora responsable de la colección de aves y mamíferos. Para cualquier aficionado a la naturaleza, destapar algunas de las cajas de las naves de Arganda lleva aparejada una sensación similar a la que sienten los niños al abrir un sobre sorpresa. Emoción y expectación. Te puede tocar un búho real, un ganso egipcio y una garza real, o un castor, una marta y un mono arborícola. Josefina Barreiro recoge con especial mimo una pequeña pieza de un ave parecida a un petirrojo. “Este trozo resulta importantísimo para saber cómo se realizó exactamente la naturalización e intentar conseguir una similar a partir de ella”. La mayoría presenta aún buen estado de conservación, aunque no se sabe por cuánto tiempo. Hace seis años, el desastre rondó estas instalaciones, y a Josefina le tocó vivir con angustia el rescate de muchos ejemplares tras la inundación de uno de los edificios. Ya entonces, los responsables reconocieron que existía un problema serio de falta de espacio y había que buscar un sitio alternativo para la conservación de los ejemplares.
Este estado de precariedad no viene de ahora. Con escasos periodos de bonanza y entendimiento entre ciencia y política, como los vividos bajo la dirección de Ignacio Bolívar (1901-1936) y durante los primeros Gobiernos socialistas (1982-1990), la historia de esta institución desde su constitución (1771) ha vivido pulsos continuos de directores, conservadores y científicos reclamando más espacio y presupuesto para exponer, cuidar y hacer viable para su investigación el patrimonio que encierra. “Antes del verano volvimos a poner en conocimiento del CSIC el lamentable estado en el que se hallan algunas colecciones, el deterioro de determinadas piezas -algunas únicas e insustituibles- y el peligro evidente de perderlas”, declara Óscar Soriano, actual vicedirector de Colecciones. Una pérdida de incalculable valor, ya que centenares de científicos de todo el mundo acuden aquí en busca de especies, de tejidos y de muestras de ADN para investigar en diferentes campos, incluida la medicina. Sólo en tejidos se realizan 800 préstamos al año.
Políticos ineptos, guerras de la Independencia y Civil, expolios, represalias franquistas a lo que se consideraba un nido de rojos y masones, promesas incumplidas y burocracias incomprensibles han contribuido a que un museo catalogado como gran instalación científica europea por sus colecciones e investigaciones tenga cientos de miles de restos fósiles apilados en cajas en un sótano atacado por la humedad y con un difícil y peligroso acceso por una escalera de desiguales escalones. “Esto está lleno de incomodidades, y la falta de luces y espacios adecuados obliga a moverte con un cuidado extremo, tanto por los fósiles que manejas como por tu propia integridad física”, afirma Celia Santos, conservadora de la colección de invertebrados fósiles y paleobotánica y una de las dos únicas personas que trabajan en un departamento que invierte tiempo en conservar, inventariar, buscar y ceder muestras, recolocarlas y atender labores administrativas. Dos personas ante la mayor y más variada colección de España, con representación de todos los yacimientos de nuestro país y de todos los periodos; en total, sólo en invertebrados fósiles, la cifra sobrepasa el millón de ejemplares.
De tan injusta manera se pagan los servicios prestados por el museo a la ciencia y la cultura. En la actualidad, sus fondos se utilizan en diferentes exposiciones en A Coruña, Córdoba, Valencia, Brasil, Estados Unidos y Canadá, y en sus comienzos nutrieron las primeras vitrinas de los museos de América, Antropología y Arqueológico, e incluso de la Biblioteca Nacional y la pinacoteca del Prado, edificio diseñado por Juan de Villanueva en 1780 para albergar el Real Gabinete de Historia Natural, embrión del actual museo. La cercanía del Real Jardín Botánico, la faz vegetal de las colecciones naturales, con diseño del mismo arquitecto, explica la primera intención de situar a su vera las de zoología, geología y paleontología. Otro edificio cercano, el Palacio de Fomento, sede del actual Ministerio de Agricultura, también estuvo entre las sedes candidatas. Se perdieron entonces varias oportunidades de oro para situar al museo en el eje cultural Recoletos-Prado, y que sus colecciones, exposiciones y actividades resaltaran junto a las que posteriormente llegaron con el Reina Sofía, el Thyssen-Bornemisza, el Arqueológico, la Casa de América o la Biblioteca Nacional.
Tras un azaroso paso por los bajos de esta última, después de ser literalmente expulsado en 1895 de su ubicación en la calle de Alcalá para ampliar las oficinas del Ministerio de Hacienda, se eligió finalmente un enclave que al principio no pintaba mal. Sería en la colina de los Chopos, donde posteriormente se instalarían, siguiendo sus pasos, notables edificios como la Residencia de Estudiantes. Sin embargo, desde el principio se sabía que también aquí se estaría de prestado. Se decidió situarlo en el Palacio de la Industria y Bellas Artes, donde comparte espacio en minoría con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, que parte por la mitad las exposiciones de zoología y geología. “Siempre inquilino de precario y huésped molesto en casa ajena”, resumía Emiliano Aguirre, reputado paleontólogo, artífice del éxito del yacimiento de Atapuerca y director en los años ochenta, en la introducción a un libro sobre la historia del museo hasta 1935.
Pero la dejadez ha llegado hoy a un punto sangrante. Simples módulos de obra prefabricados albergan los trabajos de parte de una respetada comunidad científica que sobrepasa las 300 personas. Con ello se refuerza la imagen esperpéntica de un centro que, por otro lado, es el más prolífico en proyectos de investigación de los adscritos al área de Recursos Naturales del CSIC y presenta un índice de impacto entre publicaciones científicas equiparable o superior al de los museos de historia natural de Londres, Berlín, Nueva York, Washington o París.
No hay hueco para las tinieblas en instalaciones como las de la capital francesa. En 1994, los diferentes ministerios implicados en su conservación contrataron los servicios de afamados arquitectos e incluso directores de cine para remodelar la que es ahora una de sus exposiciones estrella, la Gran Galería de la Evolución. Para contarlo todo, en París, los arquitectos Paul Chemetov y Borja Huidobro, y el realizador René Allio, disponían de partida con 6.000 metros cuadrados para imaginar y montar su gran obra, superficie a la que hay que añadir las exposiciones de minerales o la de paleontología. En Madrid, la evolución, la zoología, la geología, la paleontología e incluso la biblioteca ocupan, en total, 4.300 metros cuadrados.
“Yo también digo que el problema de espacio que tenemos es grave. Si no fuera así, nosotros nos podríamos plantear montar igualmente grandes exposiciones, incluso mejores, relacionadas con la biodiversidad, la evolución, el cambio climático?”. Alfonso Navas, actual director, no se aparta de la línea crítica mantenida por sus antecesores, aunque matiza que, como organismo del CSIC, “tenemos un presupuesto importante destinado a investigación, pero una partida muy reducida para conservación, divulgación y exposición”. En su despacho, que alberga parte del mobiliario que utilizaron el conde de Floridablanca y los primeros directores en la segunda mitad del siglo XVIII (Antonio de Ulloa y Franco Dávila), busca afanosamente la cifra con la que trabajaron durante 2006. Se da otra situación de pasmo cultural: la cifra fue de 300.000 euros para exposiciones. Sólo la factura del servicio de vigilancia del museo asciende a 400.000 euros. “Todas estas carencias nos castran profundamente y nos impiden crecer, porque no podemos montar las exposiciones que nosotros quisiéramos, acorde con nuestras colecciones, y estamos condicionados a aceptar las que patrocinan empresas e instituciones”, remata el vicedirector, Óscar Soriano.
Sólo el empeño y el celo profesional de una plantilla reducida mantienen en alto el listón de unos fondos abocados al desconocimiento del mundo exterior. Soriano entró a formar parte del museo en 1985, gracias a un programa de recuperación de las colecciones que supuso la contratación de nuevo personal cualificado y el inicio de uno de los periodos más fructíferos. “La conservación es tarea complicada cuando te encuentras ante cientos de miles de moluscos amontonados en cajas de madera; hay que limpiar, buscar etiquetas, recurrir a diarios de expedición y conseguir el mayor número de citas sobre captura, fecha, localidad, etc. Ni para nosotros como investigadores, ni para el público en las exposiciones sirve de nada observar un caracolito del que no sabemos ni su nombre, ni de dónde procede”, explica el vicedirector mientras despliega una esplendorosa colección de caracoles terrestres de Cuba y Filipinas. Colores, formas y tamaños inverosímiles salen y entran de cientos de bandejas que dan testimonio del pasado colonial de España, aspecto decisivo para que Carlos III encargara en 1771 la creación del Real Gabinete de Historia Natural. En su interior había que alojar valiosas piezas zoológicas y geológicas que se traían de las posesiones del imperio español. A ellas se unían las que procedían de las primeras expediciones científicas, como las de Alejandro Malaspina (1789-1794) y la del Pacífico (1862-1866). De esta última hay muestras repartidas por todo el museo, incluida una de gran relevancia protagonizada por insectos.
Isabel Izquierdo ocupa ahora el puesto de conservadora responsable de la colección de entomología, y cita la herencia de la expedición del Pacífico junto a otras de gran relieve cedidas por algunos de los naturalistas más importantes del siglo XIX (Mariano de la Paz Graells, Eduardo Carreño, Juan Mieg, Teodoro Seebold). Izquierdo se esfuerza en mostrar el lado positivo mientras exhibe cajones repletos de mariposas de encendidos colores, escarabajos, saltamontes, insectos palo? “Nos felicitan desde el extranjero por el diseño de cajas que hemos hecho para lograr una mejor conservación que impida que polvo, gases tóxicos y otros agentes ataquen a las colecciones”. A pesar de sus esfuerzos y el de otras tres personas que velan por el mantenimiento de cuatro millones de ejemplares pertenecientes a 40.000 especies, sólo se ha podido cambiar a cajas idóneas entre el 15% y el 17% de la colección entomológica. A todo ello hay que añadir la gestión de un tráfico de salidas y entradas cercano a los 13.000 ejemplares anuales.
Otra fuerza viva dentro del museo es Carmen Velasco, técnica especialista del servicio de documentación. Mientras recuerda lo mal que se pasó con la ocupación francesa y la etapa franquista, se enfunda unos guantes y con extrema delicadeza extrae de unos maperos láminas y documentos originales pertenecientes a las primeras colecciones que engrosaron el museo: las de su primer director, Pedro Franco Dávila. Algunas, datadas entre 1760 y 1763, pertenecen al pintor y dibujante francés Jacques Philippe Caresme, y representan moluscos con un realismo que salta de las láminas. Nueve fondos de documentación con archivos textuales y uno especial con fotografías, iconografías y láminas forman otro tesoro que se repasa mientras van saliendo otros nombres señeros de la historia y la ciencia española y mundial relacionados con el museo: Jorge Juan, Godoy, Humboldt, Carlos Linneo, Félix de Azara, José Celestino Mutis? Durante la conversación con la archivera, un elemento extraño viene a corroborar la precaria situación. Una gotera obliga a cubrir rápidamente con plásticos los archivadores. No habrá inundación como en Arganda del Rey el año 2002, pero Carmen avisa: “No es la primera gotera que aparece. No estamos en un sitio bien acondicionado porque este edificio no se hizo para el museo, y eso se acaba pagando”.
A la hora de buscar soluciones, desde la dirección se ponen sobre la mesa dos. La que más se defiende pasa por construir nuevos edificios a la espalda del museo para los laboratorios y como almacén apropiado para las colecciones. De esta manera se libera todo el espacio actual (11.000 metros cuadrados) sólo para exposiciones. “El CSIC nos ha prometido la cesión de un edificio de unos 2.000 metros cuadrados aledaños al museo”, recuerda el director. Un primer paso en la buena senda.
Como segunda opción, de mayor potencial, queda la de trasladar a los ingenieros industriales a otras instalaciones, aunque esta operación es vista con menos simpatías por plantearse a más largo plazo. José Luis Antoñanzas, vicepresidente de la Sociedad de Amigos del Museo y una de las personas más activas en los últimos tiempos en la recuperación y consolidación de la parte expositiva y divulgativa, opina: “Será difícil obtener lo que el museo se merece mientras se dependa sólo y tan estrechamente de un organismo de investigación y de ninguno de cultura”.
Ministerio de Educación y Ciencia, Ayuntamiento y Comunidad de Madrid conocen las carencias, demandas y propuestas porque, entre otros acercamientos realizados desde la dirección, están representados en el patronato del museo. El Ayuntamiento ha hecho saber que daría ayuda si se tiene en cuenta la segunda opción, para lo que facilitarían el traslado de la Escuela de Ingenieros a otro punto de la ciudad. La Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid dice no haber recibido una petición expresa por parte del museo, y el Ministerio de Educación, del que depende el CSIC y, por tanto, principal responsable en la toma de decisiones, calla y no contesta. Una postura que mina la paciencia de las personas que trabajan en y por el museo, pero también la de los visitantes. Algo debe de notar la gente cuando la media de entradas en los años setenta rondaba las 600.000 anuales y ahora no pasa de las 200.000.

El Mont-Blanc crece 2,15 metros

FUENTE: elmundo.es

El Mont-Blanc, la cumbre de los Alpes, ha aumentado su altitud en 2,15 metros en los últimos dos años, a causa de un incremento de las nevadas en la cima. Llega así a los 4.810,9 metros de altitud.
Según los cálculos realizados a mediados de septiembre por geómetras del departamento francés de Alta Saboya, que se han reunido este sábado en Chamonix, la elevación del pico respecto a las mediciones de 2005, coincide con un considerable aumento de su volumen.
En concreto, el volumen del casquete de hielo en el Mont-Blanc, que en 2005 se había estimado en 14.000 metros cúbicos en 2005, ha pasado dos años más tarde a 24.000 metros cúbicos.
Según los meteorólogos presentes en la asamblea de expertos que han participado en la investigación, el incremento se debe a los desajustes climáticos.
La razón no es que hayan aumentado las precipitaciones de forma general en los Alpes, pero sí la distribución sobre todo por una mayor presencia de vientos del oeste.
Y mientras los glaciares van fundiéndose a baja altitud, por encima de los 4.000 metros, como cualquier precipitación cae en forma de nieve, el aumento de aquellas en verano incrementa la capa de hielo.
En invierno la nieve es muy fría, no se pega y se la arrastra el viento, pero la del verano se adhiere mucho más fácilmente al glaciar.
La primera campaña de este tipo para la evaluación de la altura del Mont-Blanc se hizo en 2001, y desde entonces los geómetras han llevado a cabo tres mas en 2003, 2005 y el mes pasado.
En mayo de 2004, los científicos del laboratorio de Glaciología y Geofísica Medioambiental de un laboratorio del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Grenoble y del Instituto Técnico Federal de Zúrich habían calculado, con instrumentos de radar, que la cumbre de los Alpes tenía 4.792 metros de altitud.

Un juez británico sentencia que el documental de Al Gore es políticamente partidista

FUENTE: elmundo.es

No es habitual que los jueces se pronuncien sobre los contenidos de los programas de televisión, salvo que su color sea ‘rosa’. La Ciencia parece un campo poco propicio para el debate judicial. Sin embargo, un juez del Tribunal Superior de Inglaterra se ha tenido que pronunciar sobre ‘Una verdad incómoda’, el documental presentado por el ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y que ha sido galardonado con dos Oscar. Su resolución ha sido polémica.
El origen de la sentencia se encuentra en la decisión del Gobierno Británico de exhibir la cinta en las escuelas secundarias del país. El miembro de un pequeño partido y director de una escuela del condado de Kent lo consideró inadecuado y llevó el caso al Tribunal Superior, donde fue estudiado por el juez Michael Burton.
En parte, la sentencia emitida por el magistrado elogia el documental. Afirma que es “bastante exacto” en la presentación de las causas y probables efectos del cambio climático. Reconoce que muchas de las afirmaciones que contiene están apoyadas por evidencias científicas. En su opinión, la tesis central del documental, que el cambio climático se debe sobre todo a las emisiones de gases de ‘efecto invernadero’, es correcta. Asimismo cree que muchas de las previsiones realizadas son ciertas, como que es muy probable que continúe el calentamiento climático y que ello tenga consecuencias graves.
Sin embargo, el juez también cree que hay afirmaciones “alarmistas y exageradas”, que la “visión apocalíptica” del filme es políticamente partidista, que no es un análisis imparcial de la ciencia del cambio climático, y que contiene nueve errores importantes. Por todo ello el magistrado se pregunta si el documental realmente debería mostrarse a los escolares.
En concreto, el juez dice que la afirmación realizada en el documental de que el nivel de los mares podría aumentar seis metros “en el próximo futuro”, es “claramente alarmista” y contraria al “consenso científico”. La misma acusación se hace con respecto a que la afirmación de que la Corriente del Golfo podría desaparecer, pues el Grupo Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC) ya la calificó de poco probable. El juez cree que tampoco sería correcto afirmar como cierto que la desecación del lago Chad, la fundición de las nieves del Kilimanjaro o el huracán Katrina sean causados por el calentamiento del planeta. Y, según este veredicto, tampoco habría pruebas de que los osos polares estén ahogándose al fundirse los hielos que forman su hábitat.
El juez se interroga sobre el valor pedagógico del documental. Afirma que “es de todos sabido que no es simplemente una película científica, aunque está claro que se basa en investigaciones y opiniones de científicos, sino política”.