Archivo diario: 22/08/2007

La obesidad es socialmente contagiosa, según un nuevo estudio

FUENTE: solociencia.com

El estudio, realizado por Nicholas Christakis de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, y James Fowler, de la Universidad de California en San Diego, sugiere que la obesidad es “socialmente contagiosa”, extendiéndose de persona a persona en una red social.
El estudio, el primero en examinar este fenómeno, ha desvelado que si una persona se vuelve obesa, aquellas otras personas estrechamente relacionadas con ella tendrán una mayor probabilidad de volverse obesas también. Lo sorprendente es que el mayor efecto se observa entre amigos, y no entre personas que comparten los mismos genes o el mismo hogar.
Según los investigadores, si alguien a quien usted considera amigo se vuelve obeso, las probabilidades para usted de padecer obesidad subirán a un 57 por ciento. Entre amigos mutuos, el efecto es aún más fuerte, con las probabilidades aumentadas en un 171 por ciento.
Christakis y Fowler también estudiaron la influencia de hermanos, cónyuges y vecinos. Entre hermanos, si uno se vuelve obeso, la probabilidad de que el otro también llegue a serlo es del 40 por ciento; entre los esposos, es de un 37 por ciento. No se detectó efecto entre los vecinos, a menos que también fueran amigos.
Los investigadores analizaron datos de un período de 32 años, abarcando a 12.067 adultos, que eran objeto de evaluaciones médicas periódicas como parte de un extenso estudio sobre el corazón.
Christakis y Fowler fueron capaces de cartografiar una red social densamente interconectada entre los sujetos bajo estudio.
Tomó dos años elaborar el mapa de esta red e incluir en el mismo la información del índice de masa corporal de los participantes. Entre las primeras curiosidades que los investigadores notaron fue que, encajando con los hallazgos de otros estudios que señalan la existencia de una epidemia de obesidad en Estados Unidos, la red aumentaba con el paso del tiempo.
También advirtieron de inmediato la existencia de agrupaciones de individuos gruesos y agrupaciones de individuos delgados. El análisis estadístico reveló que estos agrupamientos no pueden ser atribuidos sólo a la formación selectiva de lazos entre las personas de pesos similares. No es el hecho de que a los obesos o a los no obesos les guste hacer amigos entre las personas de peso similar. Más bien hay una relación directa, de tipo causal.
El análisis posterior también sugirió que la influencia de las personas sobre el estatus de obesidad de los demás no puede ser reducida meramente a similitudes en los estilos de vida y el medio, como, por ejemplo, personas compartiendo juntas los mismos alimentos, o relacionándose en las mismas actividades físicas. No sólo tuvieron los hermanos y los cónyuges menos influencia que los amigos, sino que la geografía tampoco desempeña ningún papel. El estremecedor impacto de los amigos parece ser independiente de si viven en la misma región o no.
“Cuando estudiamos el efecto de la distancia, nos encontramos con que el amigo que vive a 500 millas tiene tanto impacto sobre la obesidad de una persona que aquel que vive en la casa de al lado”, explica Fowler, que es profesor de ciencias políticas en su universidad, y experto en redes sociales.
En parte porque el estudio también identifica un mayor efecto entre las personas del mismo sexo, los investigadores creen que las personas afectan no sólo al comportamiento de los demás sino que también, de una forma más sutil, a sus normas de conducta o escalas de valores.
“Lo que parece estar sucediendo es que una persona que se vuelve obesa promueve probablemente un cambio en las normas acerca de qué se considera como un peso corporal aceptable. La gente se va convenciendo de que ese sobrepeso es aceptable, ya que las personas con la que se relaciona tienen ese sobrepeso, y este cambio de mentalidad se va propagando”, explica Christakis.
“Se trata de una cuestión sobre las ideas de las personas acerca de sus cuerpos y su salud”, explica Fowler. “De manera consciente o inconsciente, la gente se guía por otras personas cuando tiene que decidir cuánto puede comer, qué nivel de ejercicio físico debe mantener, y cuál es el límite máximo de peso que no ha de superar. Los efectos sociales, en mi opinión, son mucho más fuertes que lo que se había creído hasta ahora. Ha habido una intensa dedicación a la tarea de hallar genes responsables de la obesidad y de procesos físicos que conducen a la obesidad, y lo que nuestro estudio sugiere es que se debería dedicar igual atención a examinar la vertiente social del problema”.
Las implicaciones que el estudio tiene para las políticas dirigidas a combatir el problema de la obesidad, son profundas. Los efectos de Red Social detectados en la propagación de la obesidad, según los resultados de este estudio, alcanzan tres grados de separación, es decir, hasta los amigos de los amigos de nuestros amigos, de modo que cualquier intervención de salud pública que pretenda reducir la obesidad debería tener en cuenta esta circunstancia.
Es obvio que hay casos de obesidad de índole exclusivamente metabólica, en los que ni las dietas para adelgazar ni una férrea voluntad para hacer ejercicio físico y seguir una dieta equilibrada, logran mitigar de manera satisfactoria el problema, a veces solucionable tan sólo mediante el paso por el quirófano (bypass gástrico o cirugía bariátrica), un recurso sin duda mucho más drástico que una simple liposucción. Sin embargo, no es menos cierto que la percepción social de la obesidad desempeña un papel fundamental en el estilo de vida que cada persona acaba llevando, y también en su escala de valores sobre peso y salud.
Por otra parte, tampoco debemos hundirnos en el pesimismo creyendo que nuestros amigos nos engordan: “Cuando ayudamos a alguien a perder peso, no estamos ayudando sólo a una persona, estamos ayudando a perder peso a varias personas”, subraya Fowler. “Es importante recordar que nuestro estudio no sólo muestra que ganar peso es socialmente contagioso, sino que también lo es perderlo”.

Nuevo y revolucionario diseño de traje espacial

FUENTE: solociencia.com

Newman, profesora de aeronáutica y astronáutica en el MIT, está trabajando en un traje ceñido avanzado, diseñado para permitir una movilidad superior cuando los seres humanos alcancen Marte o vuelvan a la luna. Su BioSuit, hecho de spandex y nylon, no es el traje espacial típico.
Newman, su colega Jeff Hoffman, sus colaboradores y la empresa local de diseño Trotti y Asociados, han estado trabajando en el proyecto cerca de siete años. Sus prototipos todavía no están listos para viajar al espacio, pero demuestran lo que están intentando lograr: un traje muy ceñido y de poco peso que permitirá a los astronautas convertirse en exploradores verdaderamente móviles de la Luna y Marte.
Newman prevé que el BioSuit podría estar listo para el momento en que se ponga en marcha de manera firme el proyecto de enviar una nave tripulada a Marte, quizá dentro de unos diez años. Los trajes espaciales actuales no estarían a la altura de los desafíos de semejante misión exploratoria, según Newman.
El traje prototipo de Newman constituye un atrevido golpe de timón con respecto al modelo tradicional. En vez de usar gas a presión, que ejerce una fuerza en el cuerpo del astronauta para protegerlo contra el vacío del espacio, el traje cuenta con la contrapresión mecánica que implica envolver el cuerpo con capas apretadas de material. El truco es hacer un traje que sea ceñido pero que se estire con el cuerpo, permitiendo la libertad de movimiento.
Newman, profesora de aeronáutica y astronáutica en el MIT, está trabajando en un traje ceñido avanzado, diseñado para permitir una movilidad superior cuando los seres humanos alcancen Marte o vuelvan a la luna. Su BioSuit, hecho de spandex y nylon, no es el traje espacial típico.
En los últimos 40 años, los trajes espaciales se han ido volviendo progresivamente más pesados, y ahora alcanzan ya unos 136 kilogramos. Esa “carga”, mucha de la cual se debe a las múltiples capas y al sistema de soporte vital acoplado con el gas presurizado, restringe seriamente los movimientos de los astronautas. Cerca de un 70 ó un 80 por ciento de la energía que ejercen al usar el traje, está destinada simplemente a ejercer la suficiente fuerza contra el traje para doblarlo.
Cuando un astronauta está en un ambiente de microgravedad, por ejemplo dando un paseo espacial fuera de la Estación Espacial Internacional, o caminando a campo abierto por una llanura lunar, trabajar en esos trajes tan masivos es manejable, pero puede ser muy difícil en misiones a la Luna o Marte en las que se requiera realizar actividades más complejas.
Otra ventaja del BioSuit es la seguridad. Si un traje espacial tradicional se pincha por un minúsculo meteorito u otro objeto, el astronauta debe volver a la estación espacial o a la base inmediatamente, antes de que sufra una descompresión que amenace su vida. Con el BioSuit, un pinchazo pequeño y aislado se puede envolver de modo parecido a como una herida leve en la piel se soluciona con un vendaje, y el resto del traje no se verá afectado.
El BioSuit terminado puede ser un híbrido que incorpore algunos elementos de los trajes tradicionales, incluyendo una sección del torso y un casco presurizados. Un tanque de oxígeno se puede ubicar en la espalda.
El nuevo traje también podría ayudar a los astronautas a permanecer en buena forma física durante el viaje de medio año a Marte. Se sabe, por investigaciones, que los cosmonautas pierden en el espacio hasta el 40 por ciento de su fortaleza muscular. Sin embargo, el nuevo traje podría diseñarse para ofrecer niveles variables de resistencia, permitiendo a los astronautas ejercitarse ejerciendo fuerza contra el traje espacial al moverse dentro de él, durante un largo vuelo a Marte.