Archivo de Agosto de 2007

Cerrado por vacaciones

Me vais a perdonar, pero “lamentablemente” me tengo que ir de vacaciones.

Espero volver a informaros de las noticias más curiosas, o las que más me llaman la atención, sobre la ciencia y la tecnología. En cuanto a la asociación “Hespérides”, a la vuelta creo que nos darán ya los papeles para empezar a funcionar. No obstante os avanzo que pretendemos hacer algo con el 50 aniversario del inicio de la era espacial (4 de octubre de 1957), queremos informar especialmente a las amas de casa de qué significa todo lo que viene en las etiquetas de los productos que compramos, y estamos impulsando que El Espinar se sume a la Semana de la Ciencia, que este año en Castilla y León será del 8 al 15 de noviembre.

Desde aquí animaros a participar. A la vuelta más. Un saludo.

La comprensión de la música podría ser innata, como la del lenguaje

FUENTE: tendencias21.net

No es necesario ser un especialista o un melómano para distinguir los cambios en los movimientos de una pieza musical, aseguran expertos de la universidad canadiense de la Stanford Universtity School of Medicine de Estados Unidos, y de la universidad McGill de Montreal, en Canadá.
Diversos especialistas, entre ellos Daniel Levitin, profesor de psicología y director del Laboratory of Music, Perception, Cognition and Expertise, de la universidad McGill, aseguran que nuestro cerebro es capaz de distinguir entre el comienzo y el fin de un episodio musical, segmentando la información auditiva que recibe, y desentrañándola.
En un artículo que acaba de publicar la revista Neuron, estos científicos han detallado los resultados de un experimento en el que se estudiaron cerebros humanos durante la audición de piezas musicales poco conocidas, utilizando un escáner.
Se trataba de una serie de sinfonías del músico William Boyce, compositor británico del siglo XVIII, cuyo estilo musical resulta más o menos conocido, pero cuyas piezas no son demasiado famosas. Boyce fue elegido para evitar una predisposición en el conocimiento de los participantes en el experimento.
Trabajo conjunto
Cada vez que éstos percibían una transición entre dos movimientos dentro de las composiciones, debían apretar un botón. Ya se conocía que un área cerebral que se corresponde con la región 47 del cerebro, de las definidas por el neurólogo alemán del siglo XIX, Korbinian Brodmann, situada en el lóbulo frontal, es sensible a la estructura tanto del lenguaje como de la música.
Brodmann definió un total de 52 áreas en la corteza cerebral, que posteriormente han sido a su vez subdivididas a medida que las investigaciones en este campo han ido avanzando. El estudio realizado con escáner por Levitin y sus colegas de la universidad de Standford confirmó que esta área 47 sufría cambios cuando el proceso musical cambiaba, y especialmente en los momentos de silencio, como si el cerebro aprovechara las pausas musicales para codificar las transiciones de las piezas.
Pero, según los científicos, los análisis técnicos han proporcionado además evidencias de actividad cerebral en dos redes funcionales del cerebro distintas: en una red fronto-temporal ventral asociada con la detección de acontecimientos emergentes y, posteriormente en el tiempo, en una red fronto-parietal frontal asociada con el mantenimiento de la atención y con la actualización de recuerdos. Esto supondría que existe un trabajo conjunto de diversas partes del cerebro en el procesamiento de la información musical.
Conocimiento musical innato
Tal y como explica la revista de la universidad de Stanford en un artículo, esta última investigación de Daniel Levitin y sus colaboradores, se enmarca en un largo proceso de estudio llevado a cabo por Levitin, cuyos primeros experimentos demostraron ya que los cerebros de los profanos de la música cuentan con conceptos musicales innatos, como el ritmo, el timbre o el tono, aunque seamos incapaces incluso de definir dichos conceptos. Por esta razón, y según defiende Levitin, la música, como el lenguaje, sería un elemento innato del conocimiento de nuestra especie.
Durante años, este investigador ha explorado la relación del cerebro humano con la música a través del campo de la neurociencia, disciplina que estudia cuestiones como la operación de los neurotransmisores en la sinapsis, los mecanismos biológicos responsables del aprendizaje o el funcionamiento de las redes neuronales.
Diversos experimentos realizados por el científico con imágenes de resonancia magnética, por ejemplo, han revelado que los sonidos que escuchamos están directamente relacionados con la amígdala cerebral, situada en el lóbulo frontal del cerebro, y que sería el núcleo del procesamiento emocional.
Los resultados de años de estudio han aparecido en un reciente libro de Levitin, titulado This Is Your Brain on Music: The Science of a Human Obsession, en el que el autor ha tratado de sintetizar la co-evolución de la música y del cerebro humano, así como la relación entre ambos, intentando explicar cómo la música afecta a nuestras vidas, así como comprender mejor el cerebro desde la música y la música desde el cerebro.
Estados emocionales condicionados
En esta línea de interrelaciones entre música y biología, recientemente fueron publicados los resultados de otro estudio realizado por Levitin, en este caso en colaboración con la compañía Philips, que vinculan directamente nuestro estado de ánimo con la música gracias al efecto de ésta en la química natural del cerebro.
Se trata del estudio titulado “Life Soundtrack”, que señala que la música condiciona y modifica nuestros niveles de excitación, nuestra animosidad e, incluso, nuestra capacidad de concentración. Crear una “banda sonora” para nuestra vida cotidiana nos permitiría reforzar aquellos estados de ánimo que nos interese reforzar, de la misma forma que la banda sonora de cualquier película refuerza el efecto de sus imágenes en nosotros.
Según este estudio, la música puede ayudarnos a cambiar las pulsaciones del corazón, nuestro ritmo de respiración, la presión sanguínea, el pulso, las ondas cerebrales, las respuestas de la piel y los niveles de sustancias neuroquímicas como al dopamina, la adrenalina, la noradrenalina y la serotonina, todas ellas relacionadas con nuestra forma de enfrentarnos al mundo con un determinado estado de ánimo.

La gran revolución del siglo XX

FUENTE: elpais.com

Corría el año 1971 cuando Intel creó el primer microprocesador. Era capaz de hacer unos 6.000 cálculos en un solo segundo. Quedaba despejado el camino hacia los ordenadores y la era de Internet. Desde entonces todo el mundo se ha hecho familiar con el nombre de Silicon Valley y se han diseñado miles de modelos de ordenadores, cada cual más sofisticado. Intel hoy día factura 35.000 millones de dólares (26.000 millones de euros) anuales en microprocesadores y demás artículos relacionados. Cada año invierte unos 6.000 millones en investigación y desarrollo y emplea a unas 100.000 personas. Y sigue sumando. Intel no se ha limitado a operar en la meca de la tecnología. En los años ochenta desembarcó en India y en China, integrando sus plantas en ambos países dentro de sus proyectos más importantes. Además, la compañía ha contratado a investigadores en países tan diversos como Filipinas, Irlanda o Rusia. Intel había nacido en 1968, cuando los emprendedores Gordon Moore y Robert Noyce dejaron su trabajo en la empresa Fairchild Semiconduc-tors y se unieron para crear una compañía a su medida. Comenzaron creando semiconductores y chips. Terminaron por establecer un postulado: la Ley de Moore. El enunciado es sencillo: “El número de transistores de un circuito integrado por los mínimos componentes se duplica aproximadamente cada 24 meses”. Esto significa que cada dos años los creadores de circuitos son capaces de integrar más y más transistores, doblando su capacidad cada dos años. De ahí la revolución en la tecnología en los años recientes. Precios cada vez más bajos y ordenadores más rápidos y potentes. De hecho en el último cuarto de siglo la capacidad de transistores en un microprocesador se ha incrementado en más de 3.000 veces.

A la hora del bautizo, los fundadores pensaron en darle a su empresa un nombre compuesto, formado por sus dos apellidos: Moore Noyce. Sonaba gracioso, ya que pronunciadas en inglés, estas dos palabras significan “más ruido” (“more noise”). Al final, por aquello de que las compañías deben de tener una imagen seria, se inclinaron por unir las primeras letras de los nombres Integrated Electronics. Acababa de nacer Intel.

En los setenta nadie veía el verdadero potencial de la informática. El microprocesador 4004 nació para vivir en una calculadora. Y el nacimiento del PC estaba aún relativamente lejos. Según comentaba recientemente el presidente de Intel, Emeritus Moore, “a mediados de los setenta alguien me vino con una idea de lo que básicamente sería el PC. La idea era que podíamos colocar un procesador 8080 con un teclado y una pantalla y venderlo en el mercado doméstico. Y yo pregunté: ¿Para qué serviría? Y la única respuesta fue que las amas de casa podrían llevar las cuentas desde ahí. Personalmente, no vi nada útil en esta idea, así que ni me lo pensé dos veces”. Ni siquiera en Intel son profetas en su tierra. “Al rebajar el tamaño y el precio, Intel abrió el camino para llegar a los ordenadores tal y como los conocemos hoy”, asegura el historiador David K. Allison.

Pero con el tiempo llegó el primer PC, el primer ordenador personal. Y con el tiempo, el dominio de la empresa IBM en el mercado. Fue precisamente IBM quien elegiría a Intel para crear los microprocesadores de sus primeros modelos. El 3 de noviembre de 1962, el diario The New York Times publicó por primera vez el término “computadora personal”, donde el padre del primer ordenador de uso comercial, John Mauchly, decía que no había “razón alguna para pensar que el niño o niña medios no pueden ser los dueños de una computadora personal”. Todo un visionario. Mauchly murió en 1980. Pero hubiera visto su sueño confirmado al ver a los menores (y no tan menores) jugando horas y horas con sus consolas de videojuegos.

Con el microprocesador de Intel todo se hizo más sencillo: los cálculos aritméticos y lógicos se agilizaron. Las funciones de control ya no ocupaban decenas y decenas de circuitos, sino uno solo, de silicona y relativamente fácil de fabricar. “Nuestros investigadores han logrado unos hitos clave y maravillosos con los avances en el rendimiento informático en paralelo y con múltiples núcleos”, afirma Justin Rattner, investigador y director de tecnología en Intel. “Estos avances indican un camino en el futuro cercano”, añade, “para redefinir lo que todos esperamos de nuestros ordenadores y de Internet tanto en nuestros hogares como en las oficinas”.

Los historiadores de la informática llevan décadas debatiendo cuál fue el primer ordenador personal. Hay quien dice que fue el Altair 8800, puesto en venta en diciembre de 1974 por la compañía MITS de Nuevo México. Este ordenador llevaba un microprocesador Intel 8080, no tenía teclado y costaba entre 400 y 500 dólares. Dos desconocidos estudiantes de Harvard -Bill Gates y Paul Allen- leyeron sobre este nuevo producto, se hicieron con un modelo y diseñaron una versión del lenguaje de programación Basic para el Altair. Los dos se mudaron a Nuevo México y crearon una nueva compañía: Micro-Soft.

Allá por 1978, Intel vendió el 8088 a IBM, para que lo instalara dentro de sus recién creados ordenadores personales, de un tamaño minúsculo comparados con sus antecesores. La revista Fortune no se lo pensó dos veces, intuyó el filón, y nombró a Intel “un triunfo de los negocios en los años setenta”. Los años pasaron, la técnica se perfeccionó, y, en seis años, Intel llegaría a vender 15 millones de procesadores para otros tantos millones de ordenadores a lo largo y ancho del mundo. Más adelante, llegaría el color, la capacidad de operar varios programas a la vez y la velocidad de vértigo. Al final de los ochenta, Intel permitió “el hecho de tener un ordenador con pantalla a color por vez primera y hacer edición en el escritorio a una velocidad importante”, cuenta David K. Allison, historiador de tecnologías en el Museo Nacional de Historia Americana.

El año 1993 fue un año con algunas fotos para la historia. Checoslovaquia se dividió, Bill Clinton se mudó a la Casa Blanca y Yasir Arafat e Isaac Rabin se dieron la mano en una imagen histórica en Washington. También fue un año revolucionario para Intel, que creó el microprocesador Pentium. Es curioso que en ese mismo año IBM anunciara pérdidas por casi 5.000 millones de dólares, las más abultadas que jamás había experimentado una compañía americana hasta la fecha. Aun así, con el Pentium, los ordenadores se adaptaron a la realidad: veloces como la vida misma, con sonidos naturalistas e imágenes que nada tenían que envidiar a las fotografías.

El primer Pentium, de 32 bits, contenía 3,3 millones de transistores, el triple que su antecesor, el modelo 80486. De la fotografía, el Pentium permitió el paso al vídeo. Del vídeo, a la videoconferencia. Y de ahí, a las comunicaciones en tiempo real, la realidad virtual y el universo multimedia. Intel fue mejorando sus Pentium hasta que el modelo número 4 se vendió como el máximo de la perfección. “Si la velocidad de los coches hubiera aumentado igual en el mismo tiempo, ahora podríamos conducir desde San Francisco a Nueva York (4.125 kilómetros) en unos 13 segundos”, anunció la compañía entonces.

La siguiente gran revolución llegó en mayo de 1997, cuando Intel presentó el procesador Pentium II, con siete millones y medio de transistores y que abrió el camino hacia sistemas operativos más complejos y programas de navegación en Internet con aplicaciones en tres dimensiones. El Pentium II permitió la entrada en el mercado de los PC de reproductores de DVD y gráficos de alta calidad.

Cuando parecía que todo estaba en calma, llegó Apple. La compañía de Steve Jobs había usado los procesadores de IBM, llamados PowerPC, desde 1994. Al final, hasta los Mac cayeron rendidos ante Intel. Los nuevos modelos de la compañía californiana, como el MacBook, en venta desde 2006, están construidos sobre un microprocesador Intel Core. A estas alturas todos los Macs que se ponen en venta han migrado ya a Intel, generando todo un filón de negocio.

Pero no hay gran empresa sin un gran rival. Sucede desde siempre: Microsoft contra Apple, Coca-Cola contra Pepsi, Nintendo contra Sega. La Némesis de Intel es AMD. En este momento ambas se encuentran sumidas en una cruenta guerra de precios. Intel va ganando la mano debido a su alianza con Apple. Mientras la obsesión de Intel fue siempre crear microprocesadores más y más rápidos, AMD ha prestado atención también a reducir el consumo de energía y en mejorar la función de los nuevos modelos. AMD le enseñó a Intel que no todo está en la rapidez y la compañía demostró haber aprendido la lección cuando comercializó el Core 2 Duo: contiene dos procesadores y su funcionalidad ha sido todo un éxito. “Los procesadores Core 2 Duo son, simplemente, los mejores procesadores del mundo”, dijo en 2006 Paul Otellini, presidente y consejero delegado de Intel. “Desde que Intel presentó el procesador Pentium, en el sector no ha ocurrido un cambio tan significativo en el corazón del ordenador. El procesador Core 2 Duo para sobremesa es toda una maravilla en ahorro de energía, cuenta con 291 millones de transistores y consume un 40% menos de energía, a la vez que ofrece el rendimiento necesario para las aplicaciones actuales y las del futuro”. AMD marcó el camino en esta ocasión y se ha revelado en los últimos años como un rival creíble, con un 20% de la cuota de mercado frente al 80% de Intel. Incluso la marca de ordenadores Dell se ha pasado a AMD.

En la agenda de Intel está seguir rebajando los precios de sus últimos modelos Pentium y Core, con descuentos de hasta un 70%. Debido a estas reducciones, los beneficios de Intel se situaron en unos 1.600 millones de dólares en el primer trimestre de 2007. El beneficio por acción cayó un 17% y el beneficio operativo, un 3%. Al producir más barato, las ventas aumentan pero el dinero recibido desciende. La compañía está en una operación de reajuste de plantilla que le costará unos 6.000 empleos en todo el mundo.

En 1995 la mítica rivalidad entre AMD e Intel saltó a las primeras páginas de los diarios con un verdadero caso de espionaje industrial. La policía detuvo a Guillermo Gaede, un argentino de 43 años que trabajó tanto para AMD como para Intel y que en 1993 intentó vender dos diseños de Intel (el preciado Pentium y el i486) a AMD. En ese momento, AMD reaccionó como un competidor honrado. Al recibir unas fotos y una oferta de venta enviadas por Gaede, llamó a Intel y le avisó de la filtración. El argentino pasó 33 meses en la cárcel.

La historia de Intel es la historia de toda una revolución que está lejos de acabar. Según el historiador David K. Allison, “el futuro puede pasar por acabar con los discos duros e integrar la memoria de los ordenadores en tarjetas flas, que almacenan memoria permanentemente, aunque se desconecte la corriente. Hasta ahora se usa este tipo de memoria en móviles, PDA o cámaras de fotos. Según este experto, el nuevo gran paso que la informática tiene que dar es construir los ordenadores personales con ellas.

Cambios en la actividad volcánica explicarían la formación de la atmósfera actual

FUENTE: elmundo.es

La vida tal y como la conocemos es posible porque una quinta parte del aire que respiramos es oxígeno. Sin embargo, cuando la Tierra se formó la atmósfera carecía de este elemento. El proceso que dio lugar a su aparición ha despertado un gran interés en la comunidad científica. Un artículo publicado en ‘Nature’ aborda la cuestión.
Hace 2.500 millones de años la atmósfera terrestre carecía de oxígeno. Pero 100 millones de años más tarde ya estaba presente en cantidades apreciables. La aparición del oxígeno se ha explicado por la acción de un nuevo tipo de organismos, las cyanobacterias, que al igual que las plantas producirían oxigeno como residuo de la fotosíntesis.
Sin embargo, esta explicación tiene un problema: las ‘cyanobacterias’ existían desde mucho antes de que la atmósfera se ‘oxidase’. Por lo menos, 200 millones de años antes. Algunos trabajos incluso retrotraen su aparición a 3.500 millones de años antes de nuestra era. Sea como fuere, no habría relación entre la aparición de las bacterias y la generación del oxígeno.
Un astrobiólogo norteamericano y un geólogo australiano han encontrado una posible solución a este problema. La razón por la que las ‘cyanobacterias’ no pudieron crear una atmósfera con oxígeno se encuentra en los volcanes. Hace 2.500 millones de años la mayor parte de la actividad volcánica era submarina. Los volcanes actuaban como esponjas de oxígeno, absorbiendo cualquier cantidad de oxígeno que pudieran generar las ‘cyanobacterias’. Por eso no hay constancia de óxidos en las formaciones geológicas.
Sin embargo, entonces se produjo la estabilización de las placas continentales, lo que provocó que la pauta predominante de actividad volcánica fuera aérea en lugar de submarina. Esto provocó una combustión menos eficiente del oxígeno y, por tanto, permitió que las emisiones de este gas por las ‘cyanobacterias’ se consolidaran y formasen una atmósfera más parecida a la actual.

Crean ’superratones’ cuatro veces más musculosos que los normales

FUENTE: elmundo.es

Biólogos de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Estados Unidos) han logrado crear un superratón transgénico que será el terror de los gatos que se encuentre en el camino: el pequeño roedor tiene cuatro veces más músculos que uno normal, una corpulencia lograda gracias a unas mutaciones genéticas que pueden ser de gran utilidad para la medicina, la ganadería y, según algunos aventuran, también en el deporte.
La investigación ha sido llevada a cabo por el equipo de Se-Jin Lee, que lleva muchos años buscando las claves genéticas del desarrollo muscular. Los nuevos ratones de laboratorio que ha logrado crear tienen dos características clave: por un lado, no pueden producir la proteína llamada miostatina y, además, generan un exceso de otra, la folistatina. La combinación de ambos factores hace que los roedores tengan un aumento del 117% en el tamaño de cada una de sus fibras musculares y que el aumento total de su corpulencia sea de hasta un 73%. Todo un éxito.
Lee, en 2002, ya había averiguado, también en ratones, que cuando se bloqueaba genéticamente la producción de miostatina, el músculo doblaba su tamaño, lo que ya se consideró un gran logro en la búsqueda de soluciones para la distrofia muscular. De inmediato, en los círculos del culturismo se empezó a hablar de las posibilidades de los inhibidores de esta proteína para el futuro de este deporte.
El biólogo continuó trabajando en el mismo asunto y averiguó que era la producción de folistatina la que bloqueaba a la miostatina. Pero, ¿qué pasaría si creaban un roedor que tuviera bloqueado el gen que produce esta proteína pero, a la vez, naciera con una sobredosis de folistatina? “Pensaba que no ocurriría nada, pero para mi sorpresa hubo un efecto añadido y el crecimiento muscular fue mucho mayor”, señala Lee, que ha publicado estos resultados en la revista científica PloS ONE.
Los investigadores de Baltimore aseguran que su trabajo podrá ser de gran utilidad para paliar los efectos de la distrofia muscular, una enfermedad genética caracterizada por la debilidad de los músculos, y también del sida o el cáncer. No obstante, para ello deberá probarse que en los seres humanos están implicadas las dos mismas proteínas. Según Lee, “los ratones tienen niveles más altos de miostatina que las personas, lo que implicaría que esta proteína es menos importante en los humanos, donde es prácticamente indetectable”. “Claramente, hay otros factores en nuestro caso”, asegura Lee.
En Estados Unidos, ya hay una empresa, Wyeth Pharmaceutical, que está desarrollando un tratamiento que podría cancelar los efectos de la miostatina y mejorar el estado muscular de enfermos o personas mayores. El científico puntualiza que “no se trata de estar como Schwarzenegger a los 80 años”, sino de evitar la pérdida de masa muscular que aparece con la edad para que no se produzcan caídas y se rompan caderas, un accidente muy frecuente en la tercera edad.
El experimento también puede ser de gran interés para los ganaderos, que podrían contar con vacas y ovejas con mucha más carne que ahora. De hecho, según informa la web de la revista Nature, ya hay dos tipos de animales que llevan mutaciones en los genes de la miostatina: la vaca azul belga y la oveja Texel.
Y no hay que olvidar la tentación que supone este tipo de productos para los atletas. De hecho, aunque aún no hay ningún fármaco para humanos que potencien de este modo el crecimiento muscular, Lee reconoce que puede haber gente que ya esté experimentando con estos compuestos, aunque él no lo recomendaría. “Es una locura y un desafío para las autoridades”, afirma.

Se puede aprovechar la energía del movimiento de la muchedumbre

FUENTE: solociencia.com

Un sistema de este tipo instalado por ejemplo en la terminal de la estación de ferrocarril del sur de Boston funcionaría del modo que se detalla a continuación. Un sistema sensible bajo el suelo, compuesto por bloques que se deprimen ligeramente bajo la fuerza de los pasos humanos, se instalaría bajo el vestíbulo principal de la estación. Al resbalar los bloques entre sí cuando las personas caminasen, se generaría la energía por el principio de la dínamo, un dispositivo que convierte la energía del movimiento en una corriente eléctrica.
La corriente eléctrica generada podría emplearse entonces para propósitos educativos, como iluminar un cartel sobre la energía. “Queremos que las personas entiendan la relación directa entre su movimiento y la energía producida”, explica dice Jusczyk.
El sistema no está pensado para el uso doméstico. Según Graham y Jusczyk, un paso humano aislado sólo puede alimentar dos bombillas de 60W durante un segundo. Pero consiga una muchedumbre en movimiento, multiplique ese solo paso por 28.527, por ejemplo, y el resultado es suficiente energía para mantener un tren en movimiento durante un segundo.
El principio del suelo-dinamo también puede aplicarse a la energía capturada en lugares como los conciertos de rock. “El mayor movimiento de personas podría hacer la música más sonora”, sugiere Jusczyk.
El prototipo con el que han estado trabajando es una banqueta que aprovecha el acto pasivo de sentarse para generar energía. El peso del cuerpo en el asiento hace dar vueltas a un volante acoplado a una dinamo, que a su vez, enciende cuatro LEDs.
El suelo-dinamo para usar la energía de la muchedumbre está compuesto por piezas estándar, que se pueden fabricar con facilidad, pero cuya producción resulta cara en esta fase del proyecto. Sólo a través de la experimentación, que puede ser costosa, las tecnologías llegan a ser prácticas, explican los inventores.

Se puede atacar la diabetes y la obesidad estimulando neuronas sensibles a la glucosa

FUENTE: abc.es

Es posible actuar sobre la diabetes de tipo 2 y sobre ciertos tipos de obesidad desde el cerebro. Y eso no significa, o no sólo, mentalizando a los pacientes para llevar una vida sana, sino interviniendo directamente en neuronas sensibles a la glucosa. Así lo asegura un estudio publicado esta semana por «Nature».
La diabetes de tipo 2 es aquella en que el cuerpo no tiene bloqueada la producción de insulina, pero sí la capacidad de procesarla normalmente. Aparece entonces lo que se llama resistencia a la insulina, pero que perfectamente se podría llamar desconcierto ante ella. Porque lo que ocurre es que, al detectar que a la glucosa le sigue costando acceder a las células, el páncreas se esfuerza más y más por producir más insulina. Y nunca parece ser suficiente. Hasta que el páncreas, agotado por el esfuerzo, a menudo colapsa.
Asociada al sobrepeso
Tradicionalmente, ésta era una diabetes más propia de adultos que de niños, porque está más asociada al sobrepeso y es en general inducida por él, pero eso empieza a cambiar. La obesidad es una amenaza cada vez más extendida entre la población infantil en Occidente. Entre el 8 y el 45% de los niños diabéticos lo son a día de hoy de este tipo.
De ahí la importancia del estudio de «Nature», que abre la puerta a un tratamiento mucho más profundo y expeditivo de una enfermedad que puede empezar en los primeros años y durar toda la vida. Los científicos buscan hacerse con un control mucho mejor de los mecanismos del hipotálamo que rigen el apetito y el peso, pero, sobre todo, la redistribución de energía.
Lo que los autores del estudio han detectado es que, de todas las células del cerebro sensibles a la glucosa, hay por lo menos un tipo que incide en la homeostasis (sistemas de autorregulación química) de los niveles de glucosa de todo el organismo. Si estas células se excitan, mejora la asimilación de azúcar en todo el cuerpo. Si estas células se inhiben, esta asimilación decae. El sistema funciona como unos vasos comunicantes: si hay obesidad y dieta hipercalórica, actualmente la actividad de estas células cae bajo mínimos.
Estamos hablando de la pro-opiomelanocortina (POMC), un neuropéptido presente en células del llamado núcleo arcuato del cerebro, donde se originan muchos de los circuitos que controlan los impulsos de la ingesta, sus efectos y el reparto de «combustible» a todo el cuerpo.
Existen muchas más neuronas sensibles a la glucosa. Pero su actividad no tiene un impacto tan acusado ni tan global. Los científicos detectaron la importancia de la pro-opiomelanocortina, procediendo al revés: inhibiéndola, y comprobando que entonces descendía la asimilación general de glucosa, disparándose la glucosa «suelta», errabunda fuera de las células. Y, con ella, los síntomas de diabetes y los de obesidad.
Ratones transgénicos
En cambio, cuando se experimentó en ratones transgénicos, se apreció la proporcionalidad de los efectos. Estos ratones habían sido preparados con una mutación que hacía estas células de su cerebro 250 veces más sensibles a la glucosa de lo normal. En sus células se indujo fosforescencia verde, para medir con exactitud cuáles de ellas reaccionaban al experimento, y cuáles no.
La prueba del nueve es que la sensibilidad de la pro-opiomelanocortina a la glucosa es directamente proporcional a su sensibilidad a la acción de la genipina. ¿Y qué es la genipina? Pues es un principio activo extraído de la flor de la gardenia que, desde hace mucho tiempo, la medicina tradicional china usa para tratar la diabetes de tipo 2.
Los chinos y la gardenia
Científicos del Centro Médico Beth Israel y de la Escuela de Medicina de Harvard -donde también se firma el último estudio aparecido en «Nature»- descubrieron que a los chinos la gardenia les funciona porque contiene genipina, y que la genipina bloquea una enzima llamada proteína desacoplante (UCP2). Tanto en animales como en humanos, esta proteína es responsable de deficiencias en la secreción de insulina del páncreas. La genipina revierte sus efectos.
Los investigadores descubrieron que gracias a la genipina se podían mantener a raya la diabetes de tipo 2 y la obesidad. Ahora, han descubierto que lo que funciona en el páncreas, también puede funcionar en el cerebro.
La pro-opiomelanocortina que reacciona a la glucosa reacciona también a la genipina, de lo cual se deduce que la proteína que ésta bloquea, la UCP2, de algún modo actúa también en el tejido cerebral. Los científicos aún no saben con certeza cómo, pero la evidencia de su acción es ya incontrovertible.
Niveles de azúcar
Todos los experimentos realizados confirman que si se «borra» genéticamente la UCP2 de un organismo, se impide la pérdida de sensibilidad a la glucosa de las neuronas objeto del estudio. También se comprobó que un ataque farmacológico agudo contra la UCP2 le da la vuelta a sus efectos, de forma no sólo visible en el laboratorio, sino en los niveles de azúcar y de obesidad del cuerpo. Esto la confirma como un patógeno muy destacado, el principal, de la diabetes de tipo 2.
Queda por ver, y por perfeccionar, mucho, cómo se transforma todo esto en vías terapéuticas concretas de prevención y curación de la enfermedad. Pero parece cada vez más claro que la llave maestra del equilibrio químico y energético la tiene el cerebro. Ser gordo o delgado está en la mente, en un sentido mucho más profundo.

La conferencia de Viena aboga por la eficiencia energética para evitar el cambio climático

FUENTE: elmundo.es

Según Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), la eficacia energética “es el medio más prometedor para reducir los gases de efecto invernadero a corto plazo”. Según De Boer, esa mejora podría acarrear normas más estrictas para los vehículos, las fabricas, o las plantas termoeléctricas que emplean carbón; así como políticas que alienten opciones más ecológicas, como las bombillas de bajo consumo.
Estas afirmaciones fueron realizadas en el curso de la presentación en la Conferencia de Viena de un documento de la ONU sobre las medidas dirigidas a luchar contra el cambio climático; y que también realiza estimaciones de su coste económico. Según el texto, para que en 2030 las emisiones de gases de ‘efecto invernadero’ se mantengan en el nivel actual será necesario dedicar a este propósito entre el 0,3 y el 0,5% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.
El estudio prevé un cambio hacia las energías renovables como la solar y la hidráulica, así como una utilización parcial de la energía nuclear. También señala que para detener el calentamiento global es imprescindible que se incluyan criterios de responsabilidad climática en el flujo de capitales y las inversiones internacionales, que en un 86% están en manos privadas.
El texto estima que las inversiones necesarias para ayudar a los países a adaptarse al impacto del cambio climático será decenas de miles de millones de dólares. Sería necesaria para, por ejemplo, tratar más casos de malaria o construir diques que protejan las playas de la crecida de los océanos. Según el informe, el coste de reducir las emisiones de gases de ‘efecto invernadero’ en los países pobres es menor que en las naciones ricas.
De Boer dijo que el estudio podría servir de ayuda a los gobiernos para abordar una estrategia a largo plazo contra el calentamiento mundial mas allá del Protocolo de Kioto. Sin embargo, grupos ecologistas acusan al informe de carecer de ambición, pues se debería tratar de situar las emisiones de 2030 por debajo de los niveles actuales.

Hallan las bacterias vivas más antiguas

FUENTE: elmundo.es

Una bacteria ha logrado mantenerse viva durante más de medio millón de años bajo el hielo, gracias a un mecanismo biológico que le ha permitido reparar su ADN durante todo este tiempo. Nunca antes se había encontrado un organismo activo con semejante antigüedad y su descubrimiento abre la puerta a nuevas posibilidades de que haya vida en planetas como Marte, en condiciones igualmente extremas, a la mejor comprensión del envejecimiento celular o a la búsqueda de nuevas vías para conservar ADN de especies en extinción.
El descubrimiento, publicado ayer en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), fue realizado en muestras de permafrost (como se denomina la superficie que siempre permanece congelada) conseguidas en Siberia, Canadá y la Antártida por un grupo de científicos dirigidos por Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague.
No era la primera vez que se intentaba encontrar materia viva del pasado remoto que se mantuviera en letargo, pero los fragmentos de ADN que se habían localizado eran demasiado pequeños dado que cuando las células mueren, se dividen. Sin embargo, este grupo logró aislar gran cantidad ADN de una ‘Actinobacteria’ cuyas células seguían activas. “Hemos encontrado un método que hace posible la extracción y aislamiento de restos de ADN de células activas. Esto da una mayor precisión a la imagen de la vida del pasado y la evolución hasta el presente ya que nos centramos en células que aún tienen una función metabólica, y no de células muertas cuya función ha cesado”, argumenta Willerslev en un comunicado. Para que no hubiera riesgo de contaminación, su equipo contrastó los resultados en tres laboratorios distintos.
De momento, los científicos no han averiguado cómo funciona el mecanismo de la continua reparación genética del microorganismo, pero creen que las células sobrevivieron comiendo nutrientes como el nitrógeno o el fosfato, atrapados en el permafrost.
Una vez que habían aislado y replicado el ADN de la bacteria, lo compararon con los que había en un banco genético internacional, con sede en Estados Unidos, donde se almacena material antiguo, y así pudieron situar a su bacteria en un contexto más exacto.
“Aún queda un largo camino de trabajo, pero confío en que nuestro método ayude a comprender por qué algunas células llegan a vivir tanto. Es interesante ver cómo se restauran y se conservan. Además, puede servir para averiguar si alguna vez hubo vida en Marte tal como la entendemos en la Tierra porque allí la temperatura es más fría y estable, con lo cual el entorno aún es un mejor para este tipo de vida”, asegura el científico. “Hasta ahora sabíamos que era necesario comer para vivir, pero no cuánto se podía estar vivo”, añade.
Evolución circular
Willerslev también cree que el hallazgo da un giro a la teoría de la evolución de Darwin, quien dijo que la vida nunca retornará al mismo nivel genético. “Nuestros descubrimientos nos permiten plantear si estamos inmersos en una evolución circular donde el desarrollo muerde su propia cola cuando en ADN antiguo se mezcla con el nuevo”, afirma el científico.
Para Isabel Rey, conservadora de ADN en el Museo de Ciencias Naturales (CSIC), se trata de un hallazgo excepcional. “Es realmente importante hallar una bacteria con tanto ADN que está viva de hace 500.000 años. Habrá que completar estos estudios y si se confirman puede convertirse en un importante instrumento para la biología molecular”. La investigadora cree que puede ser útil para recuperar ADN y conservarlo durante cientos de miles de años.

El origen de la bipedación humana

FUENTE: solociencia.com

Ese ahorro energético debió dar una ventaja evolutiva a los primeros homínidos con respecto a otros simios, al producirse una reducción del costo de la búsqueda de alimentos.
Conducido por Herman Pontzer, profesor de antropología en Artes y Ciencias de la Universidad de Washington en St. Louis; Michael Sokol de la Universidad de California en Davis; y David Raichlen, de la Universidad de Arizona, el estudio se basó en ensayos de marcha sobre cintas móviles, para analizar los factores energéticos de la locomoción y los propios de cada tipo de biomecánica, correspondientes a los chimpancés y a los humanos.
Aparte de éste, el único estudio conocido sobre el coste energético de la locomoción de los chimpancés fue llevado a cabo en 1973, y utilizó ejemplares de corta edad que tienen una mecánica y un coste energético distintos a los de los chimpancés adultos.
El equipo también analizó los registros fósiles de homínidos muy antiguos. Los resultados de los análisis concuerdan con los cambios predichos para ese menor coste energético vinculado al desarrollo de patas traseras más largas teniendo en cuenta la masa corporal y los cambios en la pelvis, lo cual permite caminar de un modo mucho más erguido.
Los análisis de estos rasgos en fósiles de esos homínidos tempranos, cotejados con los análisis del andar bípedo de los chimpancés, indican que la bipedación en los primeros homínidos, semejantes a los simios, podía haber sido realmente menos costosa que el andar cuadrúpedo típico de los monos.
Caminar erguidos sobre las dos piernas es un rasgo que nos define como humanos, y que permite distinguir todo nuestro linaje de entre el resto de los simios.

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