Archivo diario: 06/06/2007

España y Rusia ultiman con sus socios los detalles del futuro telescopio ultravioleta

Desde que se nos murió el IUE nos quedamos huérfanos de datos del rango ultravioleta del espectro electromagnético. La verdad es que desde hace 50 años, que son los que este próximo 4 de octubre cumplirá nuestra “era espacial”, en particular la astronomía ha sufrido una revolución.

Durante toda la historia de la Humanidad hemos estudiado los astros mediante unas cámaras especialmente adaptadas a la luz que emite más intensamente nuestra estrella, el Sol. A esas cámaras las llamamos ojos y parece que por ellos sabemos de todo lo que existe, pero no es así, ni mucho menos.

La atmósfera de la Tierra permite el paso de radiaciones que no nos dañan, y nos protege de las que sí lo hacen (¿cosa curiosa o por eso hemos podido prosperar como especie?). Para saber más de las que nos dañan, no hay más remedio que salir de la atmósfera, cosa que sucedió por primera vez hace casi medio siglo, con el lanzamiento del satélite “Sputnik”. Desde entonces nuestra comprensión del Universo cambió radicalmente.

Y esta noticia no es más que queremos dar más pasos.

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Un ‘Big Bang’ a 100 metros bajo tierra

Realmente no se va crear otro Universo como parece que pone el titular de la noticia, que nadie se asuste. Pero lo que sí esperan los físicos es “ver” partículas que desde el Big Bang (el inicio de nuestro Universo actual) probablemente no hayan vuelto a estar presentes en ningún lugar.

En nuestro afán de comprender la materia hemos ido “viendo” cómo está formada ésta: Primero los átomos (que eran indivisibles hasta que los dividimos); después la estructura del átomo, con su corteza de electrones y su núcleo de protones y neutrones. No nos detuvimos aquí, y para explicar las fuerzas nucleares (la fuerte, de la que obtenemos la energía que producen las centrales nucleares; y la débil, que transforma la identidad de las partículas) recurrimos a los quark y a otras partículas que nos eran necesarias en la explicación. Para descubrir todas estas partículas necesitamos estos enormes aceleradores, como será el LHC.

¿Y para qué puede servir gastar tantos esfuerzos de tanta gente implicada, tanto tiempo iinvertido y tanto dinero? Sólo el futuro nos lo dirá.

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Un estudio descubre numerosos objetos de masa planetaria en Orión

Sabemos la materia que hay en el Universo por la luz que emite, y también lo sabemos por la atracción gravitatoria que se ejerce entre todas las masas. Pero los dos valores medidos no concuerdan, y los astrónomos han postulado que debe existir la que denominan “materia oscura”, que contribuye a la gravedad pero no se ve (oscura). Desde el principio se pensó en objetos de este tipo (enanas marrones e IPMO’s, cuerpos que son más que planetas y menos que estrellas) para explicar al menos parte de la materia oscura.

Este estudio hecho en el Instituto Astrofísico de Canaraias parece sugerir que hay muchos objetos de este tipo por el Universo, o al menos por la región del Universo que en la Tierra llamamos Orión.

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Los pulsos de luz intensa afectan el reloj interno

Fuente: laflecha.net; CORDIS

Este estudio, que ha sido cofinanciado dentro del Sexto Programa Marco de la UE (6PM) a través del proyecto EUCLOCK, apareció publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Nuestro reloj biológico influye sobre en un amplio abanico de factores, entre los que se incluyen los niveles hormonales, el rendimiento cognitivo y la estructura del sueño. El reloj interno, dejado a su libre albedrío, tiene un promedio de periodicidad de poco más de veinticuatro horas. Por este motivo, debe calibrarse con factores externos conocidos como «zeitgebers», el más importante de los cuales es el ciclo de luz-oscuridad. Cuando se altera el reloj biológico, el rendimiento cognitivo disminuye y a menudo deriva en problemas del sueño.

Esta novedosa investigación analizó cuál era la mejor manera de «temporizar» a una persona para un día cuya duración fuera superior a 24 horas. La NASA (la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio de EE. UU.), que también financiaba esta investigación, tiene especial interés en este tema. Es habitual que los astronautas sufran alteraciones del ritmo circadiano y, durante algunas misiones espaciales, se han detectado caídas en su rendimiento. En el peligroso contexto espacial, esto podría derivar en consecuencias graves para la seguridad de la tripulación y el éxito de la misión.

De cara a un futuro más lejano, durante la misión prevista para el año 2020 los astronautas se verán obligados a vivir un año en sincronización con el día de Marte, cuya duración, de 24 horas y 39 minutos, es mayor que la de nuestro planeta. El problema reside en que los niveles lumínicos de la nave espacial y los módulos habitables en Marte no tendrán la capacidad suficiente para temporizar el reloj biológico.

Durante este estudio, tres grupos de individuos fueron aislados del día terráqueo durante 65 días. A lo largo de este tiempo, sus períodos de sueño-vigila eran de una hora más que la de su periodo circadiano natural. Para dos de estos grupos, las condiciones de luminosidad eran las mismas que a bordo de la nave espacial y en los módulos habitables en Marte (25 lux y 100 lux). El tercer grupo estuvo sometido al protocolo de «exposición lumínica modulada» (MLE), que consistía en una luz tenue (de 25 lux) las primeras 10 horas de la jornada y, durante el resto de la misma, el módulo era iluminado a 100 lux. Al final del día, se sometía a este grupo a dos pulsos de 45 minutos de duración a 10.000 lux de luz muy brillante.

Los científicos hallaron que vivir en niveles bajos de luminosidad conllevaba una desincronización del reloj corporal. El sueño y la vigilia de estos individuos se iban deteriorando de forma progresiva y, tras treinta días, dieron muestras de unos tiempos de reacción ante estímulos visuales anómalamente altos.

Sin embargo, el grupo que era sometido a pulsos de luminosidad muy alta consiguió sincronizar con éxito su sistema circadiano con el ciclo de sueño-vigilia que le habían impuesto, lo que se podía comprobar a través de la óptima calidad de su sueño y de su rendimiento cognitivo.

«Nuestros resultados nos indican que, mediante una exposición lumínica durante el tiempo preciso, se puede mantener el reloj circadiano en sincronía con un ciclo de descanso-actividad diferente al de 24 horas o en circunstancias de luminosidad insuficiente», explican los investigadores en su estudio. «Un protocolo de luminosidad como el que hemos estado probando en este estudio haría posible que los astronautas, mientras se ocupan de los cultivos en un módulo invernadero de iluminación alta, pudieran sincronizarse con la duración de 24,65 horas de un día en Marte, siempre y cuando estas tareas se realizaran en la fase circadiana adecuada.»

Los astronautas no son los únicos que padecen problemas en los ciclos vigilia-sueño. El tratamiento de pulsos de luz también podría ser útil para personas que trabajan por turnos, en casos de jet lag y para aquellos que sufren alteraciones del sueño.